31 octubre 2012
La Casa de la Literatura en peligro de desaparecer.
Desde hace 3 años, la Casa de la Literatura Peruana (Caslit) funciona como el único museo de las letras y un escenario imprescindible de la cultura nacional. Hoy, en la vieja Estación de Desamparados, donde funciona la Caslit, se vive una incertidumbre, pues la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) ha puesto los ojos en el local para instalar sus nuevas oficinas administrativas.
“La PCM quiere poner sus oficinas aquí y nos tendríamos que mudar. Ha venido el Premier y otras autoridades a ver las instalaciones. Aquí hemos nacido, las instalaciones han sido adecuadas para que funcione la Caslit. Lamentaríamos que nos desalojen”, señaló a RPP Noticias la directora de la institución, Karen Calderón.
RPP Noticias se comunicó con la PCM para saber su versión sobre este tema sin encontrar respuesta alguna.
El edificio republicano, que por muchos años funcionó como edificio principal de la Estación Central, le pertenece al Ministerio de Transportes y Comunicaciones, y esta cartera le cedió el uso al Ministerio de Educación por 10 años.
La Casa de la Literatura Peruana fue creada con Decreto Supremo N° 007-2008-ED, por el presidente Alan García Pérez, el 20 de octubre de 2009. Hoy, el espacio ha sido trasferido alMinisterio de Cultura, e iniciará una serie de cambios en los próximos meses.
“Nos comentaron que podíamos participar del sello editorial de la Red de Bibliotecas, pero no nos han dicho cuáles serán nuestra nuevas funciones y no sabemos cuáles son los beneficios que traerán estos cambios”, agregó Calderón.
La Casa de la Literatura Peruana recibe 6 mil personas cada fin de semana y se prepara para el recibimiento de su visitante número dos millones para los siguientes días.
A pesar de la incertidumbre, la Caslit continuará con sus actividades culturales, como talleres gratuitos para niños y jóvenes, cine club, cuentacuentos, y exposiciones permanentes. Además seguirán impulsando su proyecto descentralizado: “El vagón literario: viaje entre las letras”, la primera biblioteca viajante del Perú.
La Caslit está ubicada en la antigua Estación de Desamparados (Jr. Ancash 207, Centro Histórico), y funciona de martes a domingo de 10:30 a.m. a 7:00 p.m.
Tomado de RPP Noticias
25 marzo 2012
Fallece Antonio Tabucchi en Lisboa
30 agosto 2011
Mujer, literatura, masoquismo: interesante taller y conferencia de Nuria Godon en San Marcos
26 agosto 2011
Taller de Cuento en Casatomada (Escritores invitados)
Dirigido por el escritor Gabriel Rimachi Sialer.
30 junio 2011
Tour de force: entrega gratuita para los lectores
31 mayo 2011
Los diarios de Susant Sontag
29 abril 2010
Alfred Hitchcock, 30 años después.
Entre ese sadismo y la sensualidad volcánica emergía siempre elegante el humor con marca de la casa. Sólo una vez Hitchcock renunció al suspense, y fue para firmar una comedia: "Mr.& Mrs. Smith".
Vargas Llosa recibe nuevo Honoris Causa
27 abril 2010
Exilio Literario... desde París para el mundo (virtual)
30 enero 2010
El PODER de los libros
Cuando en 2000 Shaquille O'Neal recibió el premio al mejor jugador de la temporada de la NBA, afirmó: "Quiero ser conocido como el Gran Aristóteles. Fue él quien dijo que la excelencia es un hábito, y no un momento". La declaración dejó a la prensa boquiabierta ¿Se trataba de la misma persona que, años atrás, al ser preguntado por el Partenón en una visita Grecia, contestó que no tenía nada que decir porque no había tenido tiempo de ir a ningún restaurante? Era el mismo, pero sujeto a una diferencia: esa temporada su entrenador había sido Phil Jackson. Y entre las tareas que el técnico encomendó al pívot estuvo leer Ética a Nicómaco.
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08 diciembre 2009
El invisible Paul Auster

El autor de 'Trilogía de Nueva York' vuelve en su nueva novela, 'Invisible', a algunos escenarios de juventud como París o Columbia. Es un libro poblado por jóvenes escritores víctimas del azar, el amor y la violencia
Una entrevista de Andrea Aguilar.
Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 1947) regresa a la Universidad de Columbia y a París, dos lugares donde pasó parte de su juventud, con Invisible (Anagrama), su nueva novela. La entrevista transcurre, sin embargo, a pocas manzanas de su casa, en un café de Brooklyn, territorio habitual en sus ficciones. Es el día después de Acción de Gracias. Auster llega con algo de retraso y cortésmente se disculpa. Viste vaqueros y una camisa azul oscuro, lleva puesta una bufanda roja y gafas de aviador negras.
Invisible es el decimoctavo libro y la novela número 13 del autor de Trilogía de Nueva York. La escribió en aproximadamente seis meses en 2008. Desde entonces ha estado trabajando en la siguiente, que ya ha acabado y saldrá dentro de un año. El nuevo libro ha recibido una brillante crítica en The New York Times, que lo ha saludado como su mejor obra, pero también otra funesta, a cargo del crítico de The New Yorker James Wood.
Lo cierto es que Invisible vuelve a estar poblada por escritores y jóvenes poetas -personajes familiares en el trabajo de Auster- que son víctimas del azar, el amor y la violencia. En este caso es un incesto lo que hace palpitar la trama. Dice que cuando su esposa (la también novelista Siri Husvedt) leyó este pasaje le dijo que parecía estar escribiendo sobre ellos. "Llevamos casados 30 años y hemos construido una amistad muy íntima, un vínculo emocional, intelectual y físico muy fuerte. Creo que tiene razón, de alguna manera eso estaba ahí cuando escribí", explica.
El escritor reconoce que en su ficción necesita hablar de espacios que le son familiares. "Me gusta escribir sobre cosas que conozco y que me han rondado la cabeza durante años. Intentas contar la verdad de tu personaje y del mundo tal y como lo conoces, pero al final el arte es un juego y por eso es divertido, aunque hay que tomárselo muy en serio", dice.
Como Walker, el protagonista de Invisible, Auster era estudiante en Columbia en 1967, le apasionaba la poesía francesa, que se esforzaba por traducir, y aquel año viajó a París en un intercambio. "He comprobado que cuando te concentras en algo distante en el tiempo la memoria te impulsa hacia delante", confiesa. Con su personaje también comparte el recuerdo de un cochambroso hotel en París donde él vivió en 1965. Y Auster, como Walker, fue un firme opositor a la guerra de Vietnam, aunque fantaseó con alistarse con los israelíes en la Guerra de los Seis Días. "Pensé que debía ir pero cuando empecé a planteármelo seriamente la guerra ya había terminado".
En la novela resuenan algunos temas de actualidad. Por ejemplo, el asunto de la evasión de la justicia que obsesiona al protagonista. Este viejo debate ha cobrado nueva fuerza con el caso de Roman Polanski, con quien Auster coincidió en los noventa en un jurado del Festival de Venecia. "Terminé el libro mucho antes de que le detuvieran", explica el escritor, uno de los firmantes del manifiesto en apoyo del director. "Éste es un asunto muy triste. Es un hombre mayor y no entiendo por qué esperaron 30 años para detenerle. Firmé porque me pareció injusto. Hasta donde yo sé, el juez estableció como pena que pasara un tiempo en un hospital psiquiátrico y Polanski cumplió. Luego el juez se retractó y fue entonces cuando se dio a la fuga. Ahora de pronto a todo el mundo le importa este caso, y yo la verdad es que creo que esto ya no es un caso".
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26 noviembre 2009
Esta semana!!! 30º FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA!!!
Amigas y amigos: Se lanzó a la prensa la 30ª Feria del Libro Ricardo Palma. En relación al año pasado: mide el triple (6,500 metros), hay más del doble de actividades (176) y tendrá conciertos musicales (El fiestón de la feria), exposiciones, invitados e invitadas internacionales. Les envío adjunto el plano (la Ciudad de Ribeyro), el afiche, datos de interés, resumen de actividades culturales y la programación diaria. La entrada será de un sol todos los días (menores de 12 y mayores de 60, no pagan). Va del 27 de noviembre al 10 de diciembre, de 12 m. a 10 p.m. Ya ustedes saben, no estaremos en el acostumbrado Parque Kennedy de Miraflores porque su alcalde no quiere, sino en el Vértice del Museo de la Nación (esquina Javier Prado y Aviación, distrito de San Borja). Una vez más, con la característica peruana de la innovación, ante una adversidad hemos respondido con creatividad; y ante el gesto de abuso e intolerancia de un funcionario, hemos respondido con el escudo de la belleza y la cultura. La consigna de esta feria es "Si la feria no puede ir al parque, entonces el parque irá a la feria". En su interior hay calles, plazuela, boulevard, explanada y alameda con bancas, faroles, árboles, pileta, vendedores ambulantes y activaciones artísticas. La Cámara Peruana del Libro les invita a la más tradicional y renovada feria del Perú. Directora Cultural
22 noviembre 2009
"He matado mis sentidos"
Las cartas inéditas de T. S. Eliot descubren el sentimiento antisemita del escritor y dan detalles sobre su contradictoria existencia y su infeliz matrimonio"He matado deliberadamente mis sentidos para poder seguir con esta vida que es sólo externa", escribe al novelista John Middleton Murry (abril, 1925), ante quien confiesa haberse convertido en "una máquina". Eliot aludía a su detestado trabajo en el banco Lloyds de Londres que compaginaba con sus labores de editor de la revista literaria The Criterion y apenas le restaba tiempo para volcarse en su propia obra. Necesitaba ese pluriempleo para sufragar los cuidados de Vivien, la joven con la que se casó en 1915 y que alteraría radicalmente su existencia, a causa de sus depresiones y cambios repentinos de humor, síntomas de una enfermedad de origen nervioso. La crueldad del sensible poeta hacia su pareja que recrea la pieza teatral Tom y Viv -estrenada en 1984 y luego un éxito cinematográfico de la mano de los actores Willem Dafoe y Miranda Richardson- no se corresponde con el contenido de la correspondencia recién publicada. Eliot describe su impotencia ante el sufrimiento de Vivien, pero declara un sincero deseo de salvar ese matrimonio infeliz en el que vive atrapado. La propia esposa escribió a una criada como intermediara de una declaración incondicional de amor al marido. La recopilación de cartas abarca hasta 1925, año en que finalmente Eliot consiguió dejar el banco tras ingresar en la editorial Faber and Gwyer (la recopilación incluye la carta con la nueva oferta de trabajo: 325 libras de salario como editor, y otras 150 libras en calidad de director). Después de 13 años, Viv era internada en un psiquiátrico hasta su muerte (1947). Eliot nunca acudió a visitarla, aunque siguieron casados.
11 noviembre 2009
"La historia de mis historias": Carlos Calderón Fajardo en la Universidad Villarreal
Continuando con los eventos y actividades programadas como parte del PRIMER COLOQUIO DE ESTUDIANTES DE LITERATURA CAELIT - UNFV 2009, acá los dejo con lo que se viene mañana jueves. NO FALTEN!!!
JUEVES 12 DE NOVIEMBRE
Presentación de Libro: Caza de zurdos de Alessandra Tenorio
12.30 – 13.30 PM.
Presentan: Dimas Arrieta (escritor) y Gabriel Rimachi (editor)
Modera: Alfredo Lazarte
Recital y Presentación de libro ''Los broches mayores del sonido de Hora Zero'
17:00 – 18:30 PM.
Participan: Enrique Veràstegui, Jorge Pimentel, Ángel Garrido, Paul Guillén y Eloy Jáuregui
Modera: Crisóstomo Gamboa
Mesa testimonial: Las historias de mis historias. Presentación del libro
“Antología Intima” de Carlos Calderón Fajardo
19.30 – 20.10 PM
Participan: Carlos Calderón Fajardo (escritor) y Gabriel Rimachi (editor)
Modera: Celeste Bea
07 octubre 2009
Conversando con Fernando Iwasaki
Acaba de aparecer "España, aparta de mí estos premios", de Fernando Iwasaki. El libro, un juego "homotextual" donde la misma historia es contada de 7 formas distintas para obtener 7 premios municipales (no literarios, ojo, como lo explica el mismo Fernando) plantea una historia delirante donde el humor negro, la ironía, lo absurdo del ser humano y la maquinaria de los "realities" juegan un papel central.No quiero que pienses que estoy contra los premios o que me río de los premios, pues los premios sirven para descubrir vocaciones, consolidar trayectorias o pre-jubilarse anticipadamente. Ahora bien, para mí los mejores premios son los que se conceden a obras ya publicadas, como el "Salambo" de Barcelona, que además es un premio que otorga un jurado de escritores.
¿Puede cualquier persona, sin ir recomendado, llevar un libro y que se tomen la molestia de leerlo?
Te puedo asegurar que así es, porque todas las editoriales -tanto las grandes como las pequeñas- tienen departamentos de lectura que leen los manuscritos y redactan un informe, aconsejando o desaconsejando las publicaciones. Y -por otro lado- muchos escritores y talleres literarios, hacen una lectura profesional de los manuscritos que les envían, pero hago hincapié en lo de profesional, porque obviamente se trata de un trabajo que conlleva unos honorarios profesionales. Te recomiendo, por ejemplo, las lecturas e informes de Jorge Eduardo Benavides.
Hola Fernando, me encantaron tus cuentos del "Libro del mal amor", tus más sonadas calabazas, ¿había alguno autobiográfico? Por otra parte, recomiendame un cuento de un cuentista español.
La verdad es que esa novela era muy autobiográfica. ¿Quién no ha hecho papelones por amor? Yo tenía tantos papelones, que los encuaderné y me salió una novela. No te voy a recomendar a un solo cuentista español sino a varios: Hipólito G. Navarro, Juan Bonilla, Felipe Benítez Reyes, Pedro Ugarte, Quim Monzó, Espido Freire y Patricia Esteban Erlés, entre otros.
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Pueden leer el cuento "El haiku del brigadista" AQUI (Descarga tomada del diario El País digital)
04 agosto 2009
CIERRE DE FERIA ESTE MIÉRCOLES 5 DE AGOSTO
La Feria Internacional del Libro cierra sus puertas de este año mañana miércoles 5 a las 10 de la noche. Por esta razón en la Alianza Peruana de Editores habrán grandes descuentos en sus casi 200 títulos. Por la noche, de 7 a 8 pm Carlos Calderón Fajardo, autor de culto y recientemente homenajeado con una antología esperada por todos, firmará ejemplares en el stand de ALPE. El libro, como todos los demás, estará a un precio especial por cierre de feria. Última oportunidad para conversar y tener una firma de uno de los escritores más interesantes que posee el Perú. Los esperamos.
17 julio 2009
Edmundo Paz Soldán sobre Roberto Bolaño

Patricia de Souza sobre Virginia Woolf
Una vocación es lo contrario de un destino, sobre todo si este es trágico. En el caso de Virginia Woolf (1882-1941), una de las proezas en lengua anglosajona, no fue suficiente esa vocación, una personalidad determinada, un talento enorme, un sentido crítico temible, ni formar parte de un grupo de intelectuales aparentemente «protectores» para poder dedicar toda una vida a la escritura. Es la idea revolucionaria de una vida como un proceso de destrucción a través de la vergüenza que nos imponen los otros, lo que propone el libro de Viviene Forrester «Virginia Woolf» (Albin Michel), la segunda biografía más importante después de la que escribió el sobrino de la escritora, Quentin Bell, y la primera en revelar y aportar luz a algunos tabús sobre su vida: la locura, su relación con los hombres y, sobre todo, con su marido; así como su posterior suicidio, una tarde de marzo en Sussex, Inglaterra. Virginia Woolf, hija de Leslie Stephen y Julia Princep, procede de una familia culta y acomodada de Londres. Su madre muere muy joven y Virginia se aferra a su padre que más tarde morirá de cáncer y será la causa de su primer intento de suicidio en 1904. También perderá a su hermano Tobby, a edad muy temprana, lo que aumenta el duelo y provoca que su relación con Vanessa, su hermana menor, sea apasionada, radical, casi trágica. Cuando Virginia alcanza la edad de «casarse» según los códigos de la sociedad burguesa de Inglaterra, empiezan sus primeras preocupaciones como individuo, pero, sobre todo, como mujer: alguien se interesará realmente por ella, será capaz de amar, sobre todo, de ser amada, cómo escribirá, quién va a ser ella como individuo, quién va a ser para sí misma, pero, principalmente, y eso es lo terrible: ¿quién va a ser para los demás? CONTINUAR LEYENDO AQUÍ
20 junio 2009
Zeppelin en la factoria ACME, Nicaragua

17 junio 2009
Playa Ballena (Lo que se viene en la esperada Antología íntima, de Carlos Calderón-Fajardo)
Dos escritores chilenos jóvenes, íntimos en París en los 60, discípulos de José Donoso. Uno vivía ganando premios literarios de poca monta; el otro se las buscaba como podía. Uno era amigo de Jean Pierre Faye y utilizaba un vaporizador nasal; el otro, situado al margen del mundo, con el hechizo del fracasado, era un típico personaje chejovniano. Publicaron su primer libro con un año apenas de diferencia. Pertenecían a una misma generación expatriada, algo así como insectos acuáticos errantes. Creció subterráneo el que volvió a Chile y ya viejo lo consideraban un escritor secreto, raro, de culto. El que vivió afincado en Europa se hizo muy famoso, además de un francotirador punzante contra la dictadura. Hasta que un día murió Pinochet.Muchos años habían pasado, casi treinta. El escritor establecido en Santiago había publicado la mayoría de sus obras con su propio peculio y lo veneraban un puñado de lectores. Sus libros eran inhallables en librerías; la crítica los ignoraba. En cambio, el exilado destacaba como la vedette de una importante editorial catalana.
Medio siglo sin verse. Y cualquiera habría dicho que sus caminos no se volverían a cruzar. El escritor radicado en Chile se jubiló de la Universidad Pública donde trabajaba desde su regreso y vivía dedicado a pergeñar a tiempo completo el libro de su vida. Un día terminó de escribirlo. Era una novela, nada menos, y la publicó sin mucha ansiedad ni expectativas. El ser bien acogido por un sector independiente de la crítica lo hizo suponer cosas erróneamente. Se sentía realizado. Quiso compartir su alegría, que su novela la leyesen sus amigos. Empezó a buscar direcciones, sobre todo de aquellos que no veía hacía mucho tiempo. Les envió un correo individual.
Algunos dieron excusas extrañas para no verlo. Y aquel escritor desconcertado con lo que ocurría, sin esperarlo, consiguió el correo electrónico de su viejo amigo de París, que ahora no tenía ningún impedimento para regresar a Chile.
Sin mucha expectativa, le envió un correo muy sobrio, diciéndole que era muy probable que no se acordase de él, pero había publicado una novela y deseaba hacerle llegar un ejemplar y conocer su opinión. El afamado escritor chileno respondió el e—mail. Una respuesta sorprendente, inesperada.
Por supuesto que se acordaba de él. Durante todos esos años radicados en Europa había tratado de ubicarlo. Lo felicitaba por su novela. Le pidió que le dejase un ejemplar en su casa de Santiago. Iba a estar para navidades, momento en el que podían volver a verse y conversar tantas cosas.
El escritor casi secreto inmediatamente llevó un ejemplar de su novela a la residencia santiaguina de su amigo de juventud, ubicada en el barrio Los Condes, con una dedicatoria: “Con la esperanza de vernos pronto, porque el espíritu de Pepé Donoso nos convoca”.
Durante unos meses ambos escritores intercambiaron correos muy cordiales. Hasta que por fin llegó la Navidad.
El laureado autor viajó a Chile. Estaba en Santiago. Pasaron quince días, un mes. No contestaba los correos. Se hacía negar por teléfono. Entonces, el escritor de culto le envió un e—mail manifestándole su deseo de verlo. Sólo quería saludarlo, darle un abrazo, tomar un café, y no lo iba a molestar nunca más.
La respuesta no demoró en llegar. El reputado escritor le informó a su antiguo amigo y colega que al verse asediado en Chile por mucha gente y deseando terminar una novela que tenía retrasada, se había trasladado al Perú, a una lejana playa, llamada Playa Ballena, en Tumbes. Refugiado, de incógnito en ese lugar, pensaba escribir intensamente. Y añadía en el e—mail que no se preocupara si advertía su presencia en los periódicos respondiendo a entrevistas, que no le llamase la atención, porque las había dejado todas grabadas. Sin embargo, una semana después de ese correo, ese mismo escritor apareció en los periódicos, participando de reuniones sociales. Tenía que estar en Santiago.
El oculto escritor sintió una profunda decepción. No podía creer lo que pasaba. Recordaba que su amigo había heredado de su madre el miedo a los pájaros y murciélagos. Sólo le había pedido quince minutos; después cada uno proseguiría su camino, y si se volviesen a ver sería en el más allá, en la insondable eternidad, donde los estaba esperando don Pepé Donoso que tanto los quiso cuando eran jóvenes.
Lo de la Playa Ballena parecía una mala broma. Los caminos se hicieron muy blancos, como dice el poeta. Y aquel hombre sintió como jamás el peso del fracaso. No lo podía aceptar. No podía digerirlo. No le alcanzaba la inteligencia para comprenderlo. ¡Playa Ballena! Su amigo era asmático de nacimiento. De no existir esa playa, eso agravaría la afrenta.
El desairado hizo lo posible por superar su desencanto sin lograrlo. Pensaba todo el día en Playa Ballena. No podía dormir. Su famoso amigo, el exitoso, se había reído de él con una ocurrencia tan a su estilo. ¡Playa Ballena! ¿Así era de triste la vida? ¿Se hacía tan escasa la generosidad cuando se volaba a gran altura? Y de pronto se coló la duda: ¿Y qué si Playa Ballena realmente existía? ¿Qué si todo era verdad? No podía vivir tranquilo hasta no estar seguro si había sido groseramente desairado o no. Tomó un avión a Lima. Y de Lima se dirigió a donde estaba su antiguo compañero de tempranas aventuras.
Llegó muy agotado a Tumbes. Lo primero fue dirigirse a una oficina de turismo y preguntar por Playa Ballena. Para su sorpresa, el lugar existía. Justamente en la tarde salía un mini bus en dirección a esa playa llevando a algunos turistas.
En ese camino, el chofer del vehículo le comentó que esa playa llevaba ese nombre porque alguna vez en sus orillas el mar había varado una ballena gigantesca de color blanco, que justamente por la tonalidad de su piel había causado estupor entre los pescadores de la zona.
El escritor chileno desconocido, muy aficionado a leer antiguas crónicas de viajeros por América Latina, sobre todo aventuras marítimas, —quizás porque Chile es más mar que tierra –recordó enseguida una crónica de un marino francés que contaba sobre la existencia de una enorme ballena albina de nombre Uncle Tom, que había asolado la costa norte del Perú y que existía como leyenda en las tabernas del puerto de Paita a finales del siglo XIX. Cuando este viajero francés visitó dicho puerto, era la misma época que el escritor norteamericano Herman Melville llegaba a ese lugar.
Un escozor invadió todo su cuerpo. La playa donde se dirigía era el lugar donde el mar había varado el cadáver de Moby Dick. La más legendaria de las ballenas de la historia había ido a dejar sus huesos en esa playa desolada y desierta. Desde ese día a ese lugar se le llamó Playa Ballena.
El pequeño ómnibus llegó a su destino. La playa era bella pero como en muchas de las del norte del Perú, no había un hotel sino apenas un albergue para jóvenes mochileros. Ninguno estaba enterado de que en esa playa había exhalado su último suspiro Moby Dick.
Por supuesto que su amigo, el consagrado, no estaba alojado en dicho sitio. Pero, por alguna razón, sintió que había desaparecido de él toda decepción y amargura. Ese albergue rebosaba de seres vivos: jóvenes alegres, bronceados, de pelos largos que zambullían sus cuerpos dorados en las aguas celestes y transparentes de esa hermosísima playa.
La mayoría de los alojados en el albergue eran norteamericanos y europeos, pero había una pareja distinta a los demás. En los ojos de ambos se notaba claramente el brillo del amor. Ella, de tez morena, belleza latinoamericana inconfundible, andaba abrazada con un rubio larguirucho. Él se llamaba Nicholas, y ella le decía Niké, oriundo del estado de Virginia, sus padres cultivaban tabaco. Ella, ecuatoriana, se llamaba Jamilia. Se habían conocido en un pequeño pueblito del Cantón de Ibarra, en Atuntaqui, cerca de las lagunas de Imbabura. Niké era un gringo mochilero, errante. Jamilia estaba por recibirse de odontóloga y se encontraba haciendo medicina rural en ese pequeño pueblito reputado por sus textiles. Ambos hablaban inglés. Niké apenas si masticaba el español. Allí se conocieron. En ese lugar se enamoraron y luego de un corto tiempo decidieron visitar una playa del norte del Perú.
El viejo autor no se presentó como escritor sino como lo que realmente era: un profesor universitario chileno de literatura jubilado.
Entonces Familia cogió su mochila y sacó un libro. Ante los ojos estupefactos del escritor de culto, ella le mostró uno de los libros del otro escritor. Estaba en Playa Ballena, como le dijo por el correo electrónico, pero en la forma de un libro suyo. Un libro de cuentos y en uno de los relatos el escritor célebre mencionaba la Playa Ballena. Era el cuento de un hombre viejo que corrompido por la fama, agobiado por la soberbia y la frivolidad había encontrado paz en esa playa solitaria. El cuento llevaba como epígrafe un pensamiento de budismo Zen: En el silencio, la soledad se desvanece. Era por ese motivo que Jamilia y Niké habían elegido visitar esa playa.
Jamilia había leído todos sus libros, incluso sus interminables y aburridas novelas; recordaba los nombres de los personajes, pasajes enteros de cada texto; algunos cuentos se los sabía casi de memoria.
Es un escritor muy humano, y ustedes los chilenos deben sentirse orgullosos de ser su compatriota, dijo Jamilia.
Al escritor se le aclararon los extraños misterios que envuelven la creación literaria y su relación con la vida. El escritor consagrado era conocido por dedicarse a injuriar a la gente, y a no dejar pájaro con cabeza. Pero era un gran escritor. La literatura no hacía mejores seres humanos a las personas, sobre todo a aquellos dotados de genialidad. Al contrario, los hacía más egoístas, más arrogantes. Pero su obra los salvaba y la inmortalidad les estaba destinada.
Y luego transcurrieron quince días de una vida paradisíaca. Por primera vez en su vida ese escritor fue feliz. Se bañó dichoso en el mar. Con Nicholas, pescó cangrejos. Los tres, con Jamilia, jugaron cartas, cantaron canciones de Nat King Cole a la luz de una fogata. En Playa Ballena, en Tumbes, al norte del Perú, disfrutó del más hermoso atardecer de su existencia.
Hasta que llegó el momento de la despedida. El hombre que siempre vivió escribiendo historias casi en secreto, antes de subir al pequeño ómnibus sintió el llamado de la playa.
Dejó su maletín y fue a despedirse de la bellísima ensenada que no olvidaría jamás. Al llegar a la orilla se quitó los zapatos y las medias. Empezó a caminar descalzo sobre la arena húmeda; el agua de mar acariciaba sus tobillos y hacía desaparecer sus huellas. Atardecía. Un grupo de jóvenes se zambullían bajo las olas. Pero el viejo escritor chileno tenía la vista fija en un recodo de la playa. Le habían informado en el albergue que a ese lugar venían desde tiempos inmemoriales a morir las grandes ballenas. Y allí estaba a la vista el enorme cuerpo de un gigantesco cetáceo en descomposición, pero los rayos del sol que caían sobre el cadáver no producían un espectáculo desagradable a la vista. Todo lo contrario. Lo que parecía verse era un inmenso esqueleto tallado en oro que fue haciéndose negro a medida que llegó la noche.








