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14 noviembre 2012

Matemos a Borges, de Daniel Romero Vargas, comentado por el crítico Alexis Iparraguirre


Portada de Matemos a Borges

Aunque conviene  no enfatizar el hecho, el territorio de la literatura es un planisferio dibujado por las voces de algunos padres fundadores: Homero, Shakespeare, Cervantes, el trujillano Vallejo, el ginebrino Borges. Hay más, pero su número no importa. Lo que importa es que el mapa que contiene la voz de un escritor X es, por definición ajeno, ya que pertenece a la voz  de alguien que preexiste, a alguien que ya tiro los dados por él. Llamemos a la voz que dibuja el mapa, que es un juego, como el Gran Otro, o el Padre, o el suplemento lacaniano. Tampoco importa el nombre. Lo que importa a un escritor nace siempre a la literatura de otro. Por consiguiente el escritor x tiene dos opciones como Edipo en la encrucijada. Puede decidir no jugar el juego de la literatura, y aún así hacer lo que él llama literatura. Y el resultado son, por lo general, eso que conocemos como las cumbres de la historia mundial del autismo (se me ocurre el dadaísmo y su obsesión por la originalidad a fuerza de ser ininteligible; se me ocurre la metáfora del borrón inhumano en el cuento “La obra maestra inconclusa” de Balzac). Pero también puede decidir jugar el juego, y toma la voz de otro debido a que el mapa de la literatura es fatalmente ajeno. El creador, entonces, realiza la operación que le es propia: imposta una voz paraentrar al juego donde todo se ha dicho, para persuadir de que su impostación es una novedad en sí. Roba una naipe del mazo de cartas del Padre, del Gran Otro o del Poeta predecesor, y lo muestra como propio, porque si no lo hace no hay literatura. De inicio, entonces, la literatura es un crimen, un robo, una suplantación. Es la voz que finge un país del planisferio ajeno para figurar en la invención. Entonces es un eco que suplanta el autentico silencio de quien escribe. En este crimen, cabe la posibilidad de que el delincuente pueda ser el eco de una voz ajena que carece de oyentes. Estas ideas y otras semejantes, naturalmente lúcidas y obligadas en el delito de jugar el juego de otros promueve Daniel Romero Vargas, acertadamente, bajo las imágenes del crimen y el vacío.

 Daniel Romero Vargas, finalista de Premio Caretas 
con el cuento que da nombre al libro

Puede decirse lo mismo de la siguiente historia, que refiere un juego de espejos, no ajeno a la ironía y, quizás, al mismo ademán de robar el naipe al Gran Otro,ese que inventó la literatura. En este cuento, un escritor atento a los cuentos escucha de uno que, en un pasado impreciso, ganó el concurso de una revista famosa. La historia vencedero del certamen refiere que Borges es víctima de un crimen y, según todo parece indicar, quien conjura los detalles del asesinato y la invención del asesino. Tanto la naturaleza ficticia del criminal como la existencia acaso insoportable del sabio condenado a proferir ficciones adquieren consuelo y final en la certidumbre de que la muerte borrará por igual la memoria y el recuerdo de ambos. En este punto, el escritor oyente,que nunca tiene la oportunidad de leer ese cuento,captura la sugerencia de que el asesino y victima sean uno, sean Borges; escribe con esa idea un nuevo cuento (el tercero de esta relación), que es suyo, pero, que, como sabemos, es un crimen. En el relato del segundo escritor, Borges conjura una trama idéntica para asesinar a personajes que también son sus invenciones. Pero,como vuelta de tuerca, la trama del cuento imitala secuencia de crímenes de la “La muerte y la brújula”, un cuento policial también de Borges. Este furor imitativo merece, naturalmente, una conclusión borgeana, que, más o menos, diría así: “cuando el segundo escritor cree que la impostura de personificar a Borges, de impostar su narrativa, ha creado un espejismo que lo diferencie y eleve por encima de la generalidad, comprueba, no obstante, que, desde la perspectiva de Dios, o de los ángeles, él también es un doble, una copia, no de Borges, sino de otro, del primer autor que escribe un cuento donde Borges es asesino y víctima. Porque para Dios que vive en la eternidad, o para la literatura, que no tiene tiempo, las diferencias son instantes y las semejanzas son constantes. Para la eternidad (no se cuánto halague o no este comparación a Daniel) el segundo escritor, el influido por la historia que oye, que soy yo, y Romero Vargas, que escribe Matemos a Borges, la historia primera sobre Borges asesino, somos uno solo.

Este razonamiento, que es verosímil,  crea la situación excéntrica de que cualquiera, Daniel o yo, pueda hablar de la obra propia con la distancia crítica de quien la intuye, íntimamente, ajena. O que cualquiera pueda, pero acaso de una forma más ajustada a su perfil, presentar la voz que uno y otro ha levantado en distintos sitios del planisferio de la literatura con cierto sentimiento de pertenencia. Que lo otro es lo propio es, de antaño, la impresión que deja la literatura cuando ella consigue que el lector renuncie a sus propios límites y se apropie de lo ajeno. La lectura de “Matemos a Borges” descubre esta cualidad compartida por lectores fervorosos y, favorece que aquellos lectores radicales, los creadores, se reconozcan en el juego de espejos de figurar la voz propia, esa con que se obtiene un nuevo planisferio para la exploración de los hombres.

Martín Zúñiga y el autor, presentando "Matemos a Borges" en la FIL Arequipa

No obstante, conviene aclarar que, desde el punto de vista genético, la literatura no queda exculpada. Para ella no hay indulto. Es un crimen de lesa suplantación. Matemos a Borges también es un catálogo de la imaginación con prontuario de Daniel Romero Vargas, del modo en que roba cartas para ganar su juego. Es un jugador que no se intimida. Baraja las cartas que sirvieron dos jugadores astutos y poderosos. Son previos a Borges y  él los imposta y al hacerlo, como señala Harold Bloom respecto de la bendición de la influencia, los reinventa para convertirse en artista libre de sí mismo. Especulo que llegó a ellos a través de ese tahúr grande que fue Borges, porque sin ellos no hubiera podido inventar la literatura argentina del siglo XX, esa provincia geométrica, habitada por compadritos intelectuales.Para inventar su libro, para construir su voz, Romero Vargas fue a recorrer las naciones deslumbrantes y oscuras de Kafka y Poe, dos conquistadores voraces por poderosos en el arte de proferir ficciones. Preciso: a Kafka y a Poe, pero al Poe más kafkiano (porque Kafka colonizó retroactivamente algunas provincias del país de Poe cuando decidió que el absurdo es el espanto de Poe, pero con aspiración de  infinito). Así, en un mapa kakfiano, en alguna provincia parcialmente consumida por la jugada de Kafka, se sitúa “El fantasma de la Muerte Roja”, un cuento de Poe.  No solo se trata de una alegoría oscuramente sensualista de la peste, sino una voluptuosa alegoríala descomposición social. La historia es, incluso en su resumen, inquietante. En una mansión,que puede ser cualquier mansión o el espejo abstracto de una mansión, personas que se distinguen con precisión unas de otras por sus disfraces, su riqueza y su intemperancia celebran la vida fuera de la intemperie de la peste. Poe ha abstraído los nombres, las fechas, la lógica de algunas emociones, como la hesitación o la vulgaridad. En este movimiento reconocemos el acceso al territorio que expandió luego Kafka: sabemos que ese mundo puede ser el de nuestras buenas conciencias liberadas a la complejidad del gozo. No obstante, su funcionamiento es un mecanismo intransitivo, como una caja negra cuyo interior se desconoce, y que hace de sus superficies una barrera infranqueable e hipnótica por eterna.  Ese sabor a pesadilla, donde el soñador corre por contestar un teléfono que sabe de antemano que no va a contestar justo porque está corriendo,es el absurdo kafkiano, invención largamente más productiva como jugada literaria que las alegorías que eventualmente se fabrican con ella (incluso esta alegoría de la decadencia de Poe que, retrospectivamente, es kafkiana). Se trata de la pura idea de desconocer la función de los objetos aunque sean familiares. O desconocer el fin de una ceremonia aunque sean domésticos sus partícipesy sus procesos (una línea débil de esta posibilidad es reducir la incomprensión al complot). La apropiación de la carta Kafka-Poe por parte de Romero Vargas consigue una voz de timbre singular. Esta se profiere con plenitud e invención en “Historia de un callejón”, el último relato del libro. Se trata el monólogo de un alienado en el fondo de una mugrosa vía pública que sirve de sumidero. Aquí el alienado es el propietario de objetos en medio de la peste. Pero no son los objetos del canon gótico (los armarios, los bibelots, las cajas de música o esa otra forma de objeto gótico que es paisaje evidente u abstracto de un cementerio).El loco modula su monólogo sobre los desperdicios de la ciudad moderna y las deyecciones humanas que esta no consigue procesar. Romero Vargas configura en el absurdo pauperizado una peculiar ceremonia de peste y locura.

La invención de Romero Vargas se erige, pues, entre nosotros con especial esmero en una prosa meditada, en un escenario de tugurios, de sótanos, de ceremonias oscuras. Nos advierte desde un comienzo que se trata del voraz sortilegio de las letras: el pase de magia con que un escritor consigue que la carta ajena sea propia. El efecto de la ceremonia, de la lectura, es el de quien encuentra instalada la imaginación de Romero Vargas, al final, como en una emboscada, en el lenguaje de los objetos de la carencia. La material y la espiritual. Romero Vargas continua una geometría del desasosiego que apela sin tremendismo al sumidero de nuestras conciencias. Una vez más, la literatura se abre paso desde su entraña de pura lengua a la evidencia de la vida desnuda. La pura forma contiene la ciudad que formamos estando juntos. Romero Vargas cuenta la pesadilla sin énfasis de sus miserias.


03 octubre 2012

"Dirty Sexy Money" en la FIL Arequipa 2012


El periodista y escritor GianFranco Languasco presentó  su primer libro de cuentos, Dirty Sexy Money.  Publicación se encuentra bajo el sello editorial Casatomada.
Los cuentos de Dirty Sexy Money  son relatos digeribles para el lector, así como  la presencia de un lenguaje urbano usado por los personajes de cada historia.  GianFranco Languasco refiere de su  publicación “El libro intenta ser como una pastilla que se trage fácil”.
Presentación de la producción escrita se dio el sábado 29 de setiembre a las 17:00 horas en las instalaciones de  auditorio Biblioteca Mario Vargas llosa.

02 marzo 2012

Las perversos inquilinos de Pool Muñoz, HOY


Hoy viernes 2 de marzo, a las 6 p.m., en nuestro auditorio, se presentará el libro de cuentos Amores, inquilinos y perversiones de Pool Muñoz Villanueva. Los comentarios estarán a cargo de Víctor Andrés Ponce y Luis Alberto Medina.
“Pocas veces un primer libro puede combinar tan efectivamente una dosis peligrosa de violencia, humor negro, sarcasmo y emoción. Amores inquilinos y perversiones es, quizá, la mejor forma de iniciar una carrera literaria en el siempre difícil camino del cuento, pues cada una de las historias está narrada desde el vientre mismo de la desesperación, la angustia, la desesperanza y el amor (esa eterna guerra de poderes que mueve el mundo), y donde rara vez el lector sale ileso. (…) Pool Muñoz no solo sorprende con esta primera entrega en un plano narrativo, sino que además demuestra que es un testigo de su tiempo y que cada historia que contiene este estupendo volumen es una radiografía hermosamente cruda de la sociedad en que vivimos”, dice Gabriel Rimachi Sialer, editor del texto.

17 diciembre 2011

Mauricio Rozas Valz entrevistado

Entrevista a Mauricio Rozas Valz, autor del volumen de cuentos "Nunca a tiempo", presentado hace pocos meses en Lima y Arequipa, en un canal de la Ciudad Blanca. Si no lo han leído, aún están a tiempo.

09 septiembre 2011

CUENTOS INFAMES: este lunes 12 de septiembre en el JAZZ ZONE!!!


Cuentos infames es la primera entrega de Luis Torres Vásquez, joven escritor que ha plasmado en estas páginas su visión personal de una sociedad que se desmorona y se reconstruye sobre sus escombros, siempre en el camino errado.
Ya desde el título el autor nos anuncia que sus historias pueden no solo golpearnos sino también ponernos a pensar (el terrible y verdadero poder de la literatura), en que estamos asistiendo al fin de una época donde los valores poco o nada importan, haciendo referencia a personajes clave como el Holden Caulfield de Salinger (y de ahí también los violentos y precisos desenlaces de sus tramas).
Si la desesperanza es una de las características de una juventud rebelde y ansiosa por gritar su libertad a los cuatro vientos, es también esa misma rebeldía la que la transforma en un elemento vital dentro de una sociedad cuyos cambios son constantes; y es que Cuentos infames no es sólo una colección de cuentos: es una pintura oscura de la sociedad en que vivimos. Un libro que anuncia nuevas y esperadas entregas.

CUENTOS INFAMES se presentará este lunes 12 de septiembre a las 7:00 pm en el Jazz Zone (Av. La Paz 665, pasaje El Suche, Miraflores). Los comentarios estarán a cargo del literato y crítico Jonathan Timaná y Gabriel Rimachi Sialer Ed.
El ingreso es libre (capacidad limitada).


30 junio 2011

Tour de force: entrega gratuita para los lectores


Invitado por Alex Alejandro a participar del singular proyecto "Literatura en PDF", que convierte el papel en bites, la web OhCultos lanza esta noche la edición digital de una serie de cuentos, ya publicados en edición impresa, que he reunido bajo el título de "Tour de force". Se trata de una selección de cuentos que he ido escribiendo a lo largo de estos años y que han salido en "Canto en el infierno", "El color del camaleón", y algunas revistas universitarias. Espero lo disfruten, lo comenten, y lo compartan: la descarga es gratuita.

Para acceder al libro, pincha AQUI (y luego en la foto del libro, y listo).

29 enero 2011

Una entrevista del recuerdo a MVLL (1978)

Programa de RTVE España dedicado al escritor peruano, que incluye una entrevista y un coloquio con su participación, una visión interesante sobre el oficio de escribir y la visión que sobre el mundo y la literatura, tiene el escritor.


16 enero 2011

INVITACION: Los hijos de Eva PRESENTACION


Ambientada en la guerra de Irak de 2003, Los hijos de Eva articula hechos reales que conmovieron al mundo -como el saqueo al Museo Nacional de Irak, el incendio de la Biblioteca, las consecuencias de la utilización de armas químicas o la muerte de periodistas bajo el "fuego protector" -con la historia de dos periodistas latinos que son secuestrados y cuya vida en el frente trastoca por completo su forma de ver la vida, su condición "humana".

Narrada con un lenguaje claro y dinámico, esta historia resulta tan terrible como conmovedora; por ello es que esta novela se convierte en el referente inmediato de una época terrible en la que el ser humano lucha por encontrarse a sí mismo a pesar de sus creencias y religiones, en tiempos donde la fe no se pierde a pesar del fragor de la batalla.

Los hijos de Eva dejará más de una huella entre sus lectores: ha sido escrita para habitar y sacudir nuestros temores más humanos, y eso es algo que solo logran las grandes novelas.

Los hijos de Eva se presentará este martes 18 de enero en el Jazz Zone de Miraflores (Av. La Paz 646, Psje. El Suche, Miraflores) a las 7:00 pm. Los comentarios estarán a cargo del Dr.Dr. José Bernardo Cáceres Sayán, Alfredo Vanini y Gabriel Rimachi Sialer (Ed.)

INGRESO LIBRE

24 marzo 2010

OSWALDO REYNOSO INAUGURA LA SALA DE AUTOR DE LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA

Como parte de su recorrido de Literatura Viva, que busca acercar al público a sus autores favoritos, la Casa de la Literatura Peruana inaugura un nuevo espacio denominada Sala del Autor, ubicado en el primer piso.
En este ambiente, cada semana un reconocido escritor de las letras peruanas recibirá al público que desee conversar con él sobre su trayectoria y sus anécdotas literarias. También se podrá adquirir sus obras y habrá un espacio para la firma de libros. Adicionalmente la sala contará con exhibición de libros del autor, objetos personales o fotografías.
Para dar inicio a las actividades, contaremos con la presencia del reconocido escritor Oswaldo Reynoso, destacado miembro del Grupo Narración y autor de los libros Los inocentes y En octubre no hay milagros, el viernes 26 de marzo a las 3:00 pm., en la Casa de la Literatura Peruana (Antigua Estación de Desamparados, Jr. Ancash 207, Centro Histórico de Lima). El ingreso es libre.
Los profesores interesados en inscribir a sus colegios para participar de estas actividades pueden comunicarse al teléfono: 426 2573.
Próximamente nos acompañaran: Oscar Colchado y Alonso Cueto.

Para mayores informes comunicarse con la Srta. Alessandra Tenorio, Responsable de la Oficina de Imagen Institucional y RR.PP. al teléfono: 426 2573.

15 octubre 2009

El escarabajo y el hombre, de Oswaldo Reynoso. PRONTO

Dentro de unas semanas Editorial Casatomada se vuelve a vestir de gala con el lanzamiento de la reedición de un clásico de nuestras letras: "El escarabajo y el hombre", del imprescindible escritor Oswaldo Reynoso, quien acaba de llegar de Argentina tras presentar la inolvidable "En octubre no hay milagros" editada en tierras gauchas. "El escarabajo y el hombre" forma parte de nuestra serie Clásicos Peruanos Contemporáneos, que llega a su tercer volumen. Mientras se realizan los preparativos los dejamos con una reveladora entrevista que le hizo Ernesto Hermosa en el programa Presencia Cultural. Disfrútenlo y estén al tanto de la fecha de presentación. No se lo pueden perder.

09 octubre 2009

Calderón Fajardo, 40 años de historias...

Hace un par de meses presentamos en el Centro Cultural de España la antología personal de Carlos Calderón Fajardo: "Antología íntima, 40 años de historias". El evento, por demás emotivo, contó con un video de homenaje a la trayectoria de vida de este escritor tan querido por sus lectores. Posteamos entonces el vídeo que se proyectó en aquella fecha. Esperamos les guste y los guíe al libro, que salió en edición limitada. Disponible en todas las librerías de Lima.
Saludos!

27 septiembre 2009

Entrevista a Carlos Calderón Fajardo, el escritor vampiro...


El jueves pasado el escritor Carlos Calderón Fajardo presentó su última publicación: "El viaje que nunca termina" (La verdadera historia de Sarah Ellen). Este libro tiene una historia detrás de a historia: hace muchos años (casi 20 si mal no recuerdo) Calderón Fajardo se reunió con sus amigos Iván Thays, José Donayre y Ricardo Sumalavia para escribir una novela a cuatro manos. Pues bien, sólo Calderón Fajardo cumplió su parte, y esa breve versión fue desarrollada posteriormenta hasta llegar a verse editada en impecable trabajo de Ediciones Altazor. Sobre esta novela lo entrevista Harold Alva. Los dejo con un par de interesantes preguntas, puede seguir el enlace más abajo.

Publicó un adelanto de esta novela en 1993. Han pasado más de quince años y publica la versión definitiva ¿Por qué tuvo reposando tanto tiempo a Sarah Ellen?
La novela durmió 16 años porque maduró dentro de mí. La volví a reescribir después del sismo del 2007, cuando se creó un culto en relación a ella, después de que un hombre salvó la vida cobijado bajo su tumba. En 1993 era todavía un vampiro, pero a partir del 2007 se convirtió en una santa de culto. La idea de una vampiro que hace milagros me fascinó, y me reenganchó con la historia.

La vida como un viaje, el viaje como metáfora de una existencia que nunca se termina, representado en Sarah Ellen, la inglesa que se alucinaba Vampiro. ¿Existió realmente esta mujer o se trata de otra leyenda urbana?
La mujer existió, la leyenda nacida en Pisco, en Perú, llegó a Inglaterra y fue muy publicitada en la prensa inglesa y varios periodistas británicos hicieron una investigación exhaustiva sobre esta mujer. En google se puede hallar estas investigaciones hechas en Inglaterra. Lo mío es una novela inspirada en la leyenda urbana peruana. No recreo la leyenda, la leyenda me sirve de punto de partida para continuar ampliando mi horizonte expresivo. Esta novela no es extraña al corpus de mi narrativa, se emparenta con el cuento Gyula, con el tema de los verdugos de ese libro y con los rasgos góticos de mi novela La conciencia de límite último, novela con la que El viaje que nunca termina está emparentada; ambas novelas fueron escritas más o menos en la misma época, en el 91 y el 93 en los tiempos que estaba fresca de la embriaguez de sangre que hubo en la guerra interna.




23 septiembre 2009

Luz paralela - PRESENTACION

Esta colección de cuentos transita por los escenarios más disímiles: una escuela de brujos, un hospital donde el paciente va directamente a morir, una biblioteca donde una secta comete un crimen, un lugar donde no se puede amar. Marialaura lavado explora en este libro varios géneros de la narrativa, de lo urbano a lo fantástico, combinado historias con pasajes de leyendas, con imágenes paganas, con ese eterno desafío que es el amor no correspondido. Una colección de cuentos que se presenta auspiciosa para esta novel narradora.

Luz paralela se presentará hoy miércoles 23 de setiembre a las 7:00 pm en el Jazz Zone (Av. La Paz 656, Miraflores, pasaje El Suche)
Los comentarios estarán a cargo de Julio Zavala Vega y Gabriel Rimachi Sialer (ed.)
Ingreso Libre

Los esperamos.

21 septiembre 2009

Cuando se grita en silencio - PRESENTACION


El amor es una de las motivaciones más fuertes en el ser humano, de eso qué duda cabe. Pero, ¿qué sucedería cuando las personas que te rodean destruyen ese amor? ¿Qué sentimientos albergarías cuando todos te dan la espalda? ¿Qué harías si quienes quieres te traicionan? ¿Cuánto te torturarías por encontrarte?
Escrita a manera de un diario íntimo, "Cuando se grita en silencio" es una novela cargada de sensaciones y de emociones encontradas. Una voz adolescente torturada por la traición y por la falta de amor, un adolescente que empieza a descubrir lo duro que es convertirse en adulto.

"Cuando se grita en silencio" primera novela del joven escritor Giancarlo Trigoso, se presentará mañana martes 22 de setiembre a las 7:00 pm en el Jazz Zone (Av. La Paz 646 Pasaje El Suche, Miraflores)

Los comentarios estarán a cargo de los escritores Willy Del Pozo, Max Palacios y Gabriel Rimachi Sialer (Ed.)

Ingreso Libre

20 septiembre 2009

40 años de Conversación en La Catedral

Hoy 20 de setiembre se cumplen 40 años de la aparición de Conversación en La Catedral, obra indispensable en el panorama literario internacional, y que encumbrara a Mario Vargas Llosa como uno de los novelistas más importantes del siglo pasado y figura indiscutible del Boom literario. Sin embargo pocos medios han comentado la noticia, una lástima. Perú 21 le dedica una página en su sección cultural que pueden leer AQUI
Dice un extracto de la nota
"Novela íntima por un lado, y política por el otro, Conversación en La Catedral cumple 40 años. Alguna vez, Vargas Llosa dijo que esta había sido la obra que más le había costado escribir. Ahora, otros escritores peruanos –de varias generaciones– manifiestan su admiración por este libro convertido en clásico. Y todavía se preguntan si Zavalita no era una metáfora del Perú".
Y Acá una entrevista a Mario Vargas Llosa realizada por el periodista Luis Felipe Gamarra, emitida en el programa La Ventana Indiscreta del domingo 27 de julio de 2008. Disfrútenlo.

15 septiembre 2009

Un cuento de Ribeyro (IMPERDIBLE)


Hace muchos años, mientras conversábamos sobre los mejores inicios del cuento que podríamos utilizar, nos dimos cuenta que el mejor inicio (yo voté por el de Conversación en la catedral, de Vargas Llosa, pero luego de leerlo entré en dudas sostenibles) leímos este texto que es básico para poder comprender el desarrollo de la literatura nacional. Hace una semana, Ribeyro hubiera cumplido 80 años, y en este blog, Ribeyreano desde siempre, cometimos el error de no postear nada debido a un viaje imprevisto. Pues bueno, acá los dejamos con un clásico, acaso el mejor cuento de Ribeyro para algunos, pero incuestionablemente el mejor inicio de un cuento universal, donde la poesía y la prosa se funden para dar a conocer un entorno tan cruel como poéticamente hermoso. Espero lo disfruten y, sobre todo, lo comenten:


LOS GALLINAZOS SIN PLUMAS


A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas y comienza a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disuelve el perfil de los objetos y crea como una atmósfera encantada. Las personas que recorren la ciudad a esta hora parece que están hechas de otra sustancia, que pertenecen a un orden de vida fantasmal. Las beatas se arrastran penosamente hasta desaparecer en los pórticos de las iglesias. Los noctámbulos, macerados por la noche, regresan a sus casas envueltos en sus bufandas y en su melancolía. Los basureros inician por la avenida Pardo su paseo siniestro, armados de escobas y de carretas. A esta hora se ve también obreros caminando hacia el tranvía, policías bostezando contra los árboles, canillitas morados de frío, sirvientas sacando los cubos de basura. A esta hora, por último, como a una especie de misteriosa consigna, aparecen los gallinazos sin plumas.
A esta hora el viejo don Santos se pone la pierna de palo y sentándose en el colchón comienza a berrear:
–¡A levantarse! ¡Efraín, Enrique! ¡Ya es hora!
Los dos muchachos corren a la acequia del corralón frotándose los ojos legañosos. Con la tranquilidad de la noche el agua se ha remansado y en su fondo transparente se ven crecer yerbas y deslizarse ágiles infusorios. Luego de enjuagarse la cara, coge cada cual su lata y se lanzan a la calle. Don Santos, mientras tanto, se aproxima al chiquero y con su larga vara golpea el lomo de su cerdo que se revuelca entre los desperdicios.
–¡Todavía te falta un poco, marrano! Pero aguarda no más, que ya llegará tu turno.
Efraín y Enrique se demoran en el camino, trepándose a los árboles para arrancar moras o recogiendo piedras, de aquellas filudas que cortan el aire y hieren por la espalda. Siendo aún la hora celeste llegan a su dominio, una larga calle ornada de casas elegantes que desemboca en el malecón.Ellos no son los únicos. En otros corralones, en otros suburbios alguien ha dado la voz de alarma y muchos se han levantado. Unos portan latas, otros cajas de cartón, a veces sólo basta un periódico viejo. Sin conocerse forman una especie de organización clandestina que tiene repartida toda la ciudad. Los hay que merodean por los edificios públicos, otros han elegido los parques o los muladares. Hasta los perros han adquirido sus hábitos, sus itinerarios, sabiamente aleccionados por la miseria.
Efraín y Enrique, después de un breve descanso, empiezan su trabajo. Cada uno escoge una acera de la calle. Los cubos de basura están alineados delante de las puertas. Hay que vaciarlos íntegramente y luego comenzar la exploración. Un cubo de basura es siempre una caja de sorpresas. Se encuentran latas de sardinas, zapatos viejos, pedazos de pan, pericotes muertos, algodones inmundos. A ellos sólo les interesa los restos de comida. En el fondo del chiquero, Pascual recibe cualquier cosa y tiene predilección por las verduras ligeramente descompuestas. La pequeña lata de cada uno se va llenando de tomates podridos, pedazos de sebo, extrañas salsas que no figuran en ningún manual de cocina. No es raro, sin embargo, hacer un hallazgo valioso. Un día Efraín encontró unos tirantes con los que fabricó una honda. Otra vez una pera casi buena que devoró en el acto. Enrique, en cambio, tiene suerte para las cajitas de remedios, los pomos brillantes, las escobillas de dientes usadas y otras cosas semejantes que colecciona con avidez.
Después de una rigurosa selección regresan la basura al cubo y se lanzan sobre el próximo. No conviene demorarse mucho porque el enemigo siempre está al acecho. A veces son sorprendidos por las sirvientas y tienen que huir dejando regado su botín. Pero, con más frecuencia, es el carro de la Baja Policía el que aparece y entonces la jornada está perdida.Cuando el sol asoma sobre las lomas, la hora celeste llega a su fin. La niebla se ha disuelto, las beatas están sumidas en éxtasis, los noctámbulos duermen, los canillitas han repartido los diarios, los obreros trepan a los andamios. La luz desvanece el mundo mágico del alba. Los gallinazos sin plumas han regresado a su nido.Don Santos los esperaba con el café preparado.
–A ver, ¿qué cosa me han traído?Husmeaba entre las latas y si la provisión estaba buena hacía siempre el mismo comentario:
–Pascual tendrá banquete hoy día.Pero la mayoría de las veces estallaba:
–¡Idiotas! ¿Qué han hecho hoy día? ¡Se han puesto a jugar seguramente! ¡Pascual se morirá de hambre!Ellos huían hacia el emparrado, con las orejas ardientes de los pescozones, mientras el viejo se arrastraba hasta el chiquero. Desde el fondo de su reducto el cerdo empezaba a gruñir. Don Santos le aventaba la comida.
–¡Mi pobre Pascual! Hoy día te quedarás con hambre por culpa de estos zamarros. Ellos no te engríen como yo. ¡Habrá que zurrarlos para que aprendan!
Al comenzar el invierno el cerdo estaba convertido en una especie de monstruo insaciable. Todo le parecía poco y don Santos se vengaba en sus nietos del hambre del animal. Los obligaba a levantarse más temprano, a invadir los terrenos ajenos en busca de más desperdicios. Por último los forzó a que se dirigieran hasta el muladar que estaba al borde del mar.
–Allí encontrarán más cosas. Será más fácil además porque todo está junto.
Un domingo, Efraín y Enrique llegaron al barranco. Los carros de la Baja Policía, siguiendo una huella de tierra, descargaban la basura sobre una pendiente de piedras. Visto desde el malecón, el muladar formaba una especie de acantilado oscuro y humeante, donde los gallinazos y los perros se desplazaban como hormigas. Desde lejos los muchachos arrojaron piedras para espantar a sus enemigos. El perro se retiró aullando. Cuando estuvieron cerca sintieron un olor nauseabundo que penetró hasta sus pulmones. Los pies se les hundían en un alto de plumas, de excrementos, de materias descompuestas o quemadas. Enterrando las manos comenzaron la exploración. A veces, bajo un periódico amarillento, descubrían una carroña devorada a medios. En los acantilados próximos los gallinazos espiaban impacientes y algunos se acercaban saltando de piedra en piedra, como si quisieran acorralarlos. Efraín gritaba para intimidarlos y sus gritos resonaban en el desfiladero y hacían desprenderse guijarros que rodaban hacía el mar. Después de una hora de trabajo regresaron al corralón con los cubos llenos.
–¡Bravo! –exclamó don Santos–. Habrá que repetir esto dos o tres veces por semana.
Desde entonces, los miércoles y los domingos, Efraín y Enrique hacían el trote hasta el muladar. Pronto formaron parte de la extraña fauna de esos lugares y los gallinazos, acostumbrados a su presencia, laboraban a su lado, graznando, aleteando, escarbando con sus picos amarillos, como ayudándoles a descubrir la pista de la preciosa suciedad.
Fue al regresar de una de esas excursiones que Efraín sintió un dolor en la planta del pie. Un vidrio le había causado una pequeña herida. Al día siguiente tenía el pie hinchado, no obstante lo cual prosiguió su trabajo. Cuando regresaron no podía casi caminar, pero Don Santos no se percató de ello, pues tenía visita. Acompañado de un hombre gordo que tenía las manos manchadas de sangre, observaba el chiquero.
–Dentro de veinte o treinta días vendré por acá –decía el hombre–. Para esa fecha creo que podrá estar a punto.
Cuando partió, don Santos echaba fuego por los ojos.
–¡A trabajar! ¡A trabajar! ¡De ahora en adelante habrá que aumentar la ración de Pascual! El negocio anda sobre rieles.
A la mañana siguiente, sin embargo, cuando don Santos despertó a sus nietos, Efraín no se pudo levantar.
–Tiene una herida en el pie –explicó Enrique–. Ayer se cortó con un vidrio.
Don Santos examinó el pie de su nieto. La infección había comenzado.
–¡Esas son patrañas! Que se lave el pie en la acequia y que se envuelva con un trapo.
–¡Pero si le duele! –intervino Enrique–. No puede caminar bien.
Don Santos meditó un momento. Desde el chiquero llegaban los gruñidos de Pascual.
–Y ¿a mí? –preguntó dándose un palmazo en la pierna de palo–. ¿Acaso no me duele la pierna? Y yo tengo setenta años y yo trabajo... ¡Hay que dejarse de mañas!
Efraín salió a la calle con su lata, apoyado en el hombro de su hermano. Media hora después regresaron con los cubos casi vacíos.
–¡No podía más! –dijo Enrique al abuelo–. Efraín está medio cojo.Don Santos observó a sus dos nietos como si meditara una sentencia.
–Bien, bien –dijo, rascándose la barba rala, y cogiendo a Efraín del pescuezo lo arreó hacia el cuarto–. ¡Los enfermos a la cama! ¡A podrirse sobre el colchón! Y tú harás la tarea de tu hermano. ¡Vete ahora mismo al muladar!
Cerca del mediodía Enrique regresó con los cubos repletos. Lo seguía un extraño visitante: un perro escuálido y medio sarnoso.
–Lo encontré en el muladar –explicó Enrique– y me ha venido siguiendo.
Don Santos cogió la vara.–¡Una boca más en el corralón!
Enrique levantó al perro contra su pecho y huyó hacia la puerta.
–¡No le hagas nada, abuelito! Le daré yo de mi comida.
Don Santos se acercó, hundiendo su pierna de palo en el lodo.
–¡Nada de perros aquí! ¡Ya tengo bastante con ustedes!
Enrique abrió la puerta de la calle.
–Si se va él, me voy yo también.
El abuelo se detuvo. Enrique aprovechó para insistir:
–No come casi nada..., mira lo flaco que está. Además, desde que Efraín está enfermo, me ayudará. Conoce bien el muladar y tiene buena nariz para la basura.
Don Santos reflexionó, mirando el cielo donde se condensaba la garúa. Sin decir nada, soltó la vara, cogió los cubos y se fue rengueando hasta el chiquero.
Enrique sonrió de alegría y con su amigo aferrado al corazón corrió donde su hermano.
–¡Pascual, Pascual... Pascualito! –cantaba el abuelo.
–Tú te llamarás Pedro –dijo Enrique acariciando la cabeza de su perro e ingresó donde Efraín.
Su alegría se esfumó: Efraín inundado de sudor se revolcaba de dolor sobre el colchón. Tenía el pie hinchado, como si fuera de jebe y estuviera lleno de aire. Los dedos habían perdido casi su forma.
–Te he traído este regalo, mira –dijo mostrando al perro–. Se llama Pedro, es para ti, para que te acompañe... Cuando yo me vaya al muladar te lo dejaré y los dos jugarán todo el día. Le enseñarás a que te traiga piedras en la boca.
–¿Y el abuelo? –preguntó Efraín extendiendo su mano hacia el animal.
–El abuelo no dice nada– suspiró Enrique.
Ambos miraron hacia la puerta. La garúa había empezado a caer. La voz del abuelo llegaba:
–¡Pascual, Pascual... Pascualito!
Esa misma noche salió luna llena. Ambos nietos se inquietaron, porque en esta época el abuelo se ponía intratable. Desde el atardecer lo vieron rondando por el corralón, hablando solo, dando de varillazos al emparrado. Por momentos se aproximaba al cuarto, echaba una mirada a su interior y al ver a sus nietos silenciosos, lanzaba un salivazo cargado de rencor. Pedro le tenía miedo y cada vez que lo veía se acurrucaba y quedaba inmóvil como una piedra.
–¡Mugre, nada más que mugre! –repitió toda la noche el abuelo, mirando la luna.
A la mañana siguiente Enrique amaneció resfriado. El viejo, que lo sintió estornudar en la madrugada, no dijo nada. En el fondo, sin embargo, presentía una catástrofe. Si Enrique enfermaba, ¿quién se ocuparía de Pascual? La voracidad del cerdo crecía con su gordura. Gruñía por las tardes con el hocico enterrado en el fango. Del corralón de Nemesio, que vivía a una cuadra, se habían venido a quejar.
Al segundo día sucedió lo inevitable: Enrique no se pudo levantar. Había tosido toda la noche y la mañana lo sorprendió temblando, quemado por la fiebre.
–¿Y tú también? –preguntó el abuelo.Enrique señaló su pecho, que roncaba. El abuelo salió furioso del cuarto. Cinco minutos después regresó.
–¡Está muy mal engañarme de esta manera! –plañía–. Abusan de mí porque no puedo caminar. Saben bien que soy viejo, que soy cojo. ¡De otra manera los mandaría al diablo y me ocuparía yo solo de Pascual!
Efraín se despertó quejándose y Enrique comenzó a toser.
–¡Pero no importa! Yo me encargaré de él. ¡Ustedes son basura, nada más que basura! ¡Unos pobres gallinazos sin plumas! Ya verán cómo les saco ventaja. El abuelo está fuerte todavía. ¡Pero eso sí, hoy día no habrá comida para ustedes! ¡No habrá comida hasta que no puedan levantarse y trabajar!
A través del umbral lo vieron levantar las latas en vilo y volcarse en la calle. Media hora después regresó aplastado. Sin la ligereza de sus nietos el carro de la Baja Policía lo había ganado. Los perros, además, habían querido morderlo.
–¡Pedazos de mugre! ¡Ya saben, se quedarán sin comida hasta que no trabajen!Al día siguiente trató de repetir la operación, pero tuvo que renunciar. Su pierna de palo había perdido la costumbre de las pistas de asfalto, de las duras aceras y cada paso que daba era como un lanzazo en la ingle. A la hora celeste del tercer día quedó desplomado en su colchón, sin otro ánimo que para el insulto.
–¿Si se muere de hambre –gritaba– será por culpa de ustedes!
Desde entonces empezaron unos días angustiosos, interminables. Los tres pasaban el día encerrados en el cuarto, sin hablar, sufriendo una especie de reclusión forzosa. Efraín se revolcaba sin tregua, Enrique tosía. Pedro se levantaba y después de hacer un recorrido por el corralón, regresaba con una piedra en la boca, que depositaba en las manos de sus amos. Don Santos, a medio acostar, jugaba con su pierna de palo y les lanzaba miradas feroces. A mediodía se arrastraba hasta la esquina del terreno donde crecían verduras y preparaba su almuerzo, que devoraba en secreto. A veces aventaba a la cama de sus nietos alguna lechuga o una zanahoria cruda, con el propósito de excitar su apetito creyendo así hacer más refinado su castigo.Efraín ya no tenía fuerzas para quejarse. Solamente Enrique sentía crecer en su corazón un miedo extraño y al mirar a los ojos del abuelo creía desconocerlo, como si ellos hubieran perdido su expresión humana. Por las noches, cuando la luna se levantaba, cogía a Pedro entre sus brazos y lo aplastaba tiernamente hasta hacerlo gemir. A esa hora el cerdo comenzaba a gruñir y el abuelo se quejaba como si lo estuvieran ahorcando. A veces se ceñía la pierna de palo y salía al corralón. A la luz de la luna Enrique lo veía ir diez veces del chiquero a la huerta, levantando los puños, atropellando lo que encontraba en su camino. Por último reingresaba en su cuarto y quedaba mirándolos fijamente, como si quisiera hacerlos responsables del hambre de Pascual.La última noche de luna llena nadie pudo dormir. Pascual lanzaba verdaderos rugidos. Enrique había oído decir que los cerdos, cuando tenían hambre, se volvían locos como los hombres. El abuelo permaneció en vela, sin apagar siquiera el farol. Esta vez no salió al corralón ni maldijo entre dientes. Hundido en su colchón miraba fijamente la puerta. Parecía amasar dentro de sí una cólera muy vieja, jugar con ella, aprestarse a dispararla. Cuando el cielo comenzó a desteñirse sobre las lomas, abrió la boca, mantuvo su oscura oquedad vuelta hacia sus nietos y lanzó un rugido:
–¡Arriba, arriba, arriba! –los golpes comenzaron a llover–. ¡A levantarse haraganes! ¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¡Esto se acabó! ¡De pie!...
Efraín se echó a llorar, Enrique se levantó, aplastándose contra la pared. Los ojos del abuelo parecían fascinarlo hasta volverlo insensible a los golpes. Veía la vara alzarse y abatirse sobre su cabeza como si fuera una vara de cartón. Al fin pudo reaccionar.
–¡A Efraín no! ¡El no tiene la culpa! ¡Déjame a mí solo, yo saldré, yo iré al muladar!El abuelo se contuvo jadeante. Tardó mucho en recuperar el aliento.
–Ahora mismo... al muladar... lleva los dos cubos, cuatro cubos...Enrique se apartó, cogió los cubos y se alejó a la carrera. La fatiga del hambre y de la convalecencia lo hacían trastabillar. Cuando abrió la puerta del corralón, Pedro quiso seguirlo.
–Tú no. Quédate aquí cuidando a Efraín.
Y se lanzó a la calle respirando a pleno pulmón el aire de la mañana. En el camino comió yerbas, estuvo a punto de mascar la tierra. Todo lo veía a través de una niebla mágica. La debilidad lo hacía ligero, etéreo: volaba casi como un pájaro. En el muladar se sintió un gallinazo más entre los gallinazos. Cuando los cubos estuvieron rebosantes emprendió el regreso. Las beatas, los noctámbulos, los canillitas descalzos, todas las secreciones del alba comenzaban a dispersarse por la ciudad. Enrique, devuelto a su mundo, caminaba feliz entre ellos, en su mundo de perros y fantasmas, tocado por la hora celeste.
Al entrar al corralón sintió un aire opresor, resistente, que lo obligó a detenerse. Era como si allí, en el dintel, terminara un mundo y comenzara otro fabricado de barro, de rugidos, de absurdas penitencias. Lo sorprendente era, sin embargo, que esta vez reinaba en el corralón una calma cargada de malos presagios, como si toda la violencia estuviera en equilibrio, a punto de desplomarse. El abuelo, parado al borde del chiquero, miraba hacia el fondo. Parecía un árbol creciendo desde su pierna de palo. Enrique hizo ruido pero el abuelo no se movió.
–¡Aquí están los cubos!
Don Santos le volvió la espalda y quedó inmóvil. Enrique soltó los cubos y corrió intrigado hasta el cuarto. Efraín apenas lo vio, comenzó a gemir:
–Pedro... Pedro...–¿Qué pasa?
–Pedro ha mordido al abuelo... el abuelo cogió la vara... después lo sentí aullar.
Enrique salió del cuarto.
–¡Pedro, ven aquí! ¿Dónde estás, Pedro?
Nadie le respondió. El abuelo seguía inmóvil, con la mirada en la pared. Enrique tuvo un mal presentimiento. De un salto se acercó al viejo.
–¿Dónde está Pedro?
Su mirada descendió al chiquero. Pascual devoraba algo en medio del lodo. Aún quedaban las piernas y el rabo del perro.–
¡No! –gritó Enrique tapándose los ojos–. ¡No, no! –y a través de las lágrimas buscó la mirada del abuelo. Este la rehuyó, girando torpemente sobre su pierna de palo. Enrique comenzó a danzar en torno suyo, prendiéndose de su camisa, gritando, pataleando, tratando de mirar sus ojos, de encontrar una respuesta.
–¿Por qué has hecho eso? ¿Por qué?
El abuelo no respondía. Por último, impaciente, dio un manotón a su nieto que lo hizo rodar por tierra. Desde allí Enrique observó al viejo que, erguido como un gigante, miraba obstinadamente el festín de Pascual. Estirando la mano encontró la vara que tenía el extremo manchado de sangre. Con ella se levantó de puntillas y se acercó al viejo.
–¡Voltea! –gritó–. ¡Voltea!Cuando don Santos se volvió, divisó la vara que cortaba el aire y se estrellaba contra su pómulo.
–¡Toma! –chilló Enrique, y levantó nuevamente la mano. Pero súbitamente se detuvo, temeroso de lo que estaba haciendo y, lanzando la vara a su alrededor, miró al abuelo casi arrepentido. El viejo, cogiéndose el rostro, retrocedió un paso, su pierna de palo tocó tierra húmeda, resbaló, y dando un alarido se precipitó de espaldas al chiquero.
Enrique retrocedió unos pasos. Primero aguzó el oído pero no se escuchaba ningún ruido. Poco a poco se fue aproximando. El abuelo, con la pata de palo quebrada, estaba de espaldas en el fango. Tenía la boca abierta y sus ojos buscaban a Pascual, que se había refugiado en un ángulo y husmeaba sospechosamente el lodo. Enrique se fue retirando, con el mismo sigilo con que se había aproximado. Probablemente el abuelo alcanzó a divisarlo pues mientras corría hacia el cuarto le pareció que lo llamaba por su nombre, con un tono de ternura que él nunca había escuchado.
–¡A mí, Enrique, a mí!...
–¡Pronto! –exclamó Enrique, precipitándose sobre su hermano–. ¡Pronto, Efraín! ¡El viejo se ha caído al chiquero! ¿Debemos irnos de acá!
–¿Adónde? –preguntó Efraín.
–¿Adonde sea, al muladar, donde podamos comer algo, donde los gallinazos!
–¡No me puedo parar!Enrique cogió a su hermano con ambas manos y lo estrechó contra su pecho. Abrazados hasta formar una sola persona cruzaron lentamente el corralón. Cuando abrieron el portón de la calle se dieron cuenta que la hora celeste había terminado y que la ciudad, despierta y viva, abría ante ellos su gigantesca mandíbula.
Desde el chiquero llegaba el rumor de una batalla.

08 septiembre 2009

Encuentro fantástico este viernes y sábado



Sala de Conferencias del Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar(Av. Benavides 3074-La Castellana. Miraflores. Altura del Óvalo Higuereta)
Ingreso Libre.
Costo de certificación:
Público en general: 25 soles
Estudiantes: 20 soles

Programa
Viernes 11 de septiembre de 2009
Inscripción y entrega de credenciales: 09:00 - 10:00 hrs.
Inauguración: Gonzalo Portals Zubiate, Presidente del Comité Organizador10:00 – 10:15 hrs.
Conferencia Magistral 10:15 – 11:15 hrs.: Vicente Luis Mora. (Instituto Cervantes de Albuquerque, EE. UU.)Las ciudades invisibles de la literatura fantástica latinoamericana, de Jorge Luis Borges a César Aira

MESA 1 11:30 - 12:45 hrs. Construcciones de lo fantástico
José Güich Rodríguez (Universidad de Lima)Estrategia narrativa en el cuento La trama celeste, de Adolfo Bioy Casares
Jim A. Anchante Arias (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)Configuración del lecto-personaje en dos cuentos hispanoamericanos
Andreas Kurz (Universidad de Guanajuato, México)
Conceptos confusos – contenidos compartidos: lo fantástico entre Hoffmann y Arguedas
Modera: Edwin Canaza

RECESO

MESA 2 15:00 - 16:15 hrs. Travesías de lo fantástico
César Espinoza García (Universidad Nacional Federico Villarreal) Elementos fantásticos en Oshta y el duende (1955) de Carlota Carvallo: transgresión y tiempo
Nini Johanna Sánchez Ávila (Universidad Distrital Francisco José de Caldas - Colombia) Los juegos del demiurgo, los asedios del creador: consideraciones a La noche de la Trapa de Germán Espinosa y Frankenstein de Mary Shelley
Edwin Canaza (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)Consideraciones en torno a “lo fantástico” y “lo siniestro” en el cuento Casa tomada de Julio Cortázar
Modera: Raschid Rabí

Conferencia Magistral 16:30 - 17:30
Isaac León Frías (Universidad de Lima)
Lo fantástico en el cine

MESA 3 17:45 - 18:45 hrs.
Lo fantástico en Hispanoamérica
Raschid Rabí (Universidad Antonio Ruiz de Montoya)
¿Es Mort Cinder un superhéroe latinoamericano? La obra de Breccia y Oesterheld en relación con el género de superhéroes
Patricia García García (Dublin City University, Irlanda. Universidad Autónoma de Barcelona, España) Los escondites de la realidad: el espacio fantástico en Mi hermana Elba(1980) de Cristina Fernández-Cubas
Modera: Jorge Ramos Cabezas

Mesa de narradores peruanos 19:00 – 20:15 hrs.
Lenguaje y realidad: la representación de lo imposible
Participan: Enrique Prochazka, Nilo Espinoza Haro, Edgardo Rivera Martínez

Modera: Elton Honores