Un anciano va rezando por las calles destruidas: Si tenéis una canción, un poema en el alma, o algo bello… la felicidad encontrará el amino, la felicidad siempre encuentra el camino. Esa misma noche el protagonista de esta novela tiene una revelación. Existe un lugar sin nombre donde tal vez es posible la amistad, el juego, la eternidad y el amor.
Esta primera novela del narrador peruano Julio César Vega (ganador de numerosos reconocimientos literarios desde hace 10 años) nace de la experiencia de imaginar una Guernica simbólica observando la obra de Picasso. Nos solidariza con los niños que viven en medio del horror hoy en día, desde Medio Oriente a Latinoamérica, de Afganistán a Colombia, de Palestina a Perú. Es una lectura que nos sitúa simbólicamente en medio de cualquier clase de violencia. “Adiós Guernica” es un alegato pacifista y una novela sobre la posibilidad de otro mundo. Sus páginas están hechas de poemas, redescubrimientos y de sueños de niños que buscan un lugar para decirse a sí mismos, adiós, tristeza, adiós, Guernica.
Con esta novela la editorial inicia una nueva etapa, con nuevas ediciones, nuevo formato y presentación. Con una red de distribución más amplia (a nivel nacional) y con un plan lector más sólido para poder llegar a más lectores. Vienen más novedades en cuento, novela y ensayo, visiten nuestro catálogo en www.editorialcasatomada.com
El esperado concurso Ten En Cuento a La Victoria, llega a su tercera edición, síntoma feliz de que la gente sigue creando; y lo mejor es que este tipo de eventos estimulan no solo los procesos creativos sino también la oportunidad de conocer nuevas y talentosas plumas. Bueno, la invitación está hecha: tienen hasta el 21 de mayo para enviar sus textos, y aunque el jurado está bastante difícil, eso hará (por cierto) más interesante la competencia. Las bases AQUI
Editorial La Fábrica, de España, acaba de relanzar "Los Cachorros", de Mario Vargas Llosa; que apareciera por primera vez hace 50 años en la mítica colección "Palabra e Imagen" de Lumen, dirigida por Esther Tusquets (quien hace el prólogo a la presente edición) y su equipo de (entonces jóvenes) fotógrafos. Las primeras páginas de esta edición impecable, cuenta cómo iniciaron la colección y lo difícil que fue para ellos (por aquellos años una editorial pequeña y familiar que tenía a un contable y mucho entusiasmo) empezar a crecer como editorial. Es interesante y delicioso el prólogo, pues en este medio, donde las editoriales independientes pretenden ser lo más "literarias" posibles, muchos cierran puertas a posibilidades interesantes creyendo y confiando siempre en sus propios gustos. Cuenta Tusquets: "Durante bastante tiempo en Lumen nos regimos por una única norma: editar aquellos libros que nos gustaran. Nos parecía obvio que, si nos gustaban a nosotros, que nos teníamos por individuos de buen gusto, iban a gustar también a los demás, al menos a una gran parte. No resultó tan obvio. Tuvimos que llegar a Mafalda y al Umberto Eco de En el nombre de la rosa para que se produjera esta difícil sintonía entre nosotros y los lectores de nuestro fondo". Amén. Acá la nota de EFE sobre este esperado relanzamiento.
MADRID [EFE/]. El relato “Los cachorros” de Mario Vargas Llosa, acompañado por 35 fotografías, algunas inéditas, de Xavier Miserachs, constituye el primer volumen de la colección “Palabra e imagen”, recuperada ahora por La Fábrica Editorial. La colección, creada por Esther y Óscar Tusquets, se desarrolló desde 1961 hasta 1985 al unir a grandes maestros de la literatura y de la fotografía en una obra de autor en la que textos e imágenes dialogaban y se complementaban formando una unidad. La intención de la editorial es recuperar ahora esta colección histórica en un nuevo formato y añadir nuevos libros que convivirán con los ya conocidos. “Los cachorros”, publicado por primera vez en España en 1967, nació de un cuento de Mario Vargas Llosa, “Pichula Cuéllar”, que no pasó la censura de la época. El relato está dividido en seis capítulos y retrata el paso de la infancia a la madurez de un grupo de chicos de la alta sociedad limeña, de los que su protagonista, Pichula Cuéllar, que de niño es atacado y castrado por el perro de su colegio, va pasando por todas las fases de la vida: infancia, adolescencia, juventud y madurez. Con una prosa viva, veloz y musical, que combina distintos puntos de vista en un ejercicio de acumulación narrativa, los diálogos son introducidos sin marcas previas con el objetivo de buscar velocidad y el desconcierto del lector, ya que no se sabe quién habla exactamente. “Los cachorros” es un relato crítico, diferente y en él está presente la nostalgia de unos años inocentes e irrecuperables. Las 35 fotografías, ocho de ellas inéditas, del catalán Xavier Miserachs, surgen entre las páginas de la historia enriqueciéndola y formando una narración visual que realza y complementa el relato del escritor.
Raymond Carver, sin duda el cuentista estadounidense más importante de la segunda mitad del siglo XX, hace una temprana aparición en la exhaustiva –y en ocasiones extenuante– biografía de Carol Sklenicka [Raymond Carver. A Writer's Life, Scribera, todavía no traducida al español] a los tres o cuatro años de edad y con correa. "Claro que me veía obligada a tenerlo con correa", dijo mucho después su madre, Ella Carver, al parecer sin ironía alguna. La Sra. Carver podría haber tenido la idea adecuada. Al igual que los perplejos bebedores de clase media que pueblan sus relatos, Carver nunca parecía saber dónde estaba ni por qué se encontraba ahí. Una y otra vez me hacía pensar en un pasaje de Fantasmas, de Peter Straub: "El hombre simplemente manejaba, distraído por esa interminable telenovela de subordinados de los Estados Unidos".
Carver nació en Oregón en 1938 y pronto se mudó con su familia a Yakima, Washington. En 1956, los Carver se trasladaron a Chester, California. Un año después, Carver y un par de amigos andaban de juerga por México. A partir de ahí, los traslados se aceleraron, y eso nos lleva sólo hasta 1977, el año en que Carver tomó su último trago.
Durante la mayor parte de esos primeros años de constantes viajes, arrastró a sus dos hijos y a su sufriente esposa, Maryann, la heroína a la que por lo general no se le hace honor en el relato de Sklenicka. Los llevaba a los tres detrás de sí como latas atadas al paragolpes de una catramina que ningún concesionario en su sano juicio aceptaría. No es extraño que sus amigos bautizaran el auto con el nombre de Perro Corredor. Tampoco lo es que su madre le pusiera una correa cuando lo llevaba al centro de Yakima.
Si bien Ray Carver era brillante y talentoso, también era el tipo de bebedor destructivo que toca fondo y luego sigue enterrándose. Los asiduos concurrentes a Alcohólicos Anónimos saben que los borrachos como Carver son maestros de la curación geográfica que se niegan a admitir que si se sube a un tomador descontrolado a un avión en California, será un tomador descontrolado el que se baje en Chicago, Iowa o México.
Hasta mediados de 1977, Raymond Carver estaba fuera de control. Cuando dio clase en el Taller de Escritores de Iowa junto a John Cheever se convirtieron en compañeros de copas. "Lo único que hacíamos era tomar", dijo Carver haciendo referencia al semestre de otoño de 1973. "No creo que ninguno de los dos haya sacado nunca la funda de las cuatro máquinas de escribir que teníamos". Como Cheever no tenía auto, Carver ponía el transporte para las excursiones que hacían dos veces por semana. Les gustaba llegar al bar en el momento en que estaba abriendo. Cheever señaló en su diario que Carver era "un hombre muy bueno". También era un tomador irresponsable que solía irse sin pagar de los restaurantes, por más que seguramente sabía que era la camarera la que tenía que pagar la cuenta de semejantes clientes. Después de todo, su esposa a menudo trabajó como camarera para mantenerlo.
Maryann Burk y Raymond Carver
Era Maryann Burk Carver la que ganaba el pan en aquellos años mientras Ray tomaba, pescaba, estudiaba y empezaba a escribir los relatos que una generación de críticos y docentes calificaría erradamente de "minimalistas" o de "realistas sucios". El talento literario suele tener sus propias reglas, pero los escritores cuyo trabajo deslumbra por su profundidad y misterio a menudo son monstruos prosaicos en su casa. Maryann conoció al amor de su vida –o su calvario; Carver parece haber sido ambas cosas– en 1955, cuando trabajaba en un Spudnut Shop de Union Gap, Washington. Tenía catorce años. Cuando ella y Carver se casaron en 1957 le faltaban dos meses para cumplir 17 años y estaba embarazada. Antes de cumplir 18 descubrió que estaba embarazada otra vez. Durante los siguientes veinticinco años fue camarera en bares y restaurantes, vendedora de enciclopedias y maestra. Poco después de casarse pasó dos semanas envasando fruta para comprarle a Carver su primera máquina de escribir.
Ella era hermosa; él era tosco, posesivo y, en ocasiones, violento. Carver consideraba que sus propias infidelidades no justificaban las de ella. Cuando Maryann incurrió en un "flirteo" luego de haber bebido un poco en una comida en 1975 –época para la cual el alcoholismo de Carver se encontraba en su apogeo–, la golpeó en la cabeza con una botella de vino. Le cortó una arteria cerca del oído y casi la mata. "Necesitaba 'una ilusión de libertad'", escribe Sklenicka, "pero no podía soportar la idea de que ella estuviera con otro hombre". Es uno de los pocos momentos en que Sklenicka da muestras de solidaridad con la mujer que mantuvo a Carver y que nunca pareció dejar de amarlo. Si bien Sklenicka transmite cierta veneración por Carver escritor y sin duda entiende la influencia destructiva que tuvo el alcohol en su vida, prácticamente no abre juicio en lo relativo a Carver como borracho desagradable y marido desagradecido (además de, en ocasiones, peligroso). Cita a la novelista Diane Smith (Letters from Yellowstone), que dijo "Fue una mala generación de hombres", y deja las cosas ahí. Cuando cita declaraciones de Maryann, que se calificaba de "Cenicienta literaria que vive en el exilio en aras de la carrera de Carver", la primera esposa aparece sólo como una ex mujer quejosa. Ray y Maryann estuvieron casados veinticinco años, y fue durante esos años que Carver escribió el grueso de su obra. El tiempo que pasó con la poeta Tess Gallagher, la única otra mujer importante de su vida, fue menos de la mitad que eso.
Sin embargo, fue Gallagher la que cosechó los beneficios personales de la sobriedad de Carver (dejó de tomar un año antes de que ambos se enamoraran), así como también los económicos. Durante el juicio de divorcio, el abogado de Maryann dijo –eso me incomoda y en cierto grado atenta contra mi capacidad de disfrutar de los cuentos de Carver– que sin un acuerdo judicial digno, la vida de Maryann luego del divorcio sería "como una bolsa de picaportes que no abrirían puerta alguna".
La respuesta de Maryann fue: "Ray dice que va a mandar dinero todos los meses, y yo le creo". Carver cumplió la promesa, con cuotas de protesta. Cuando murió en 1988, sin embargo, la mujer que lo había sostenido económicamente descubrió que había quedado al margen del cobro del producto de la venta de los populares tomos de cuentos del escritor.
Simplificar es necesario pero no hace justicia a los maestros. Treinta años después de su muerte, la sombra de Alfred Hitchcock no solo es oronda y reconocible, sino también alargada, ya que la vigencia de su cine sigue inalterable por una complejidad que iba más allá de las magias del suspense.
El cine debe mucho más a Hitchcock que un solo género. Todo giraba alrededor de unos ejes reconocibles: un falso culpable, una mujer rubia o un policía del que burlarse. La industria nunca dudó de su don para el entretenimiento, para convertir el cine en ese "pastel de vida" que uno engullía con facilidad.
Pero los críticos y posteriores cineastas de "Cahiers du Cinéma", especialmente Truffaut en su libro "El cine según Hitchcock", fueron los primeros en leer entre líneas. En sentir que en la receta del maestro había más de un ingrediente indigesto.
Rascaron en el entretenimiento y encontraron perversión. Descuartizaron el suspense y hallaron alta comedia y pulsión sexual. Y en la planificación de su cine escudriñaron las claves del cine moderno, porque Hitchcock manipuló a su público a nivel subliminal con una inocente cámara.
Iluminó un vaso de leche desde dentro en "Suspicion", introdujo el plano secuencia con resultados deslumbrantes en "The Rope" o convirtió la teatralidad en algo sumamente cinematográfico en "Lifeboat". Incluso el formato ahora de moda, el 3D, funcionó para él en "Dial M for Murder".
Alfred Hitchcock, había nacido en Londres en 1899 pero se nacionalizó estadounidense. Casado con Alma Reville, en ocasiones su guionista, aseguraba no tener relaciones sexuales desde que tuvo a su hija Patricia. Esa abstinencia sexual sublimada fue uno de los hilos más turbadores de su cine.
"Vertigo" era en realidad una historia de necrofilia. "Rear Window" puro voyeurismo. "Notorious" definía al villano interpretado por Claude Rains por su manifiesta inferioridad sexual. Y la homosexualidad paseaba por entre los rostros del monte Rushmore en "North by Northwest".
¿Quién dijo inocencia? La pérdida de la misma hilaba "Shadow of a Doubt", uno de sus títulos predilectos, y la candidez de Joan Fontaine frente a la primera señora De Winter hacía que, aun en su ausencia, la verdadera protagonista del primer filme americano de Hitch fuese indudablemente la pérfida "Rebeca".
El mago del suspense no era un cineasta condescendiente con el débil. Disfrutaba mostrando la crueldad del instinto de supervivencia: el villano era más fascinante que el héroe, como en "Strangers on a Train". La madre devoraba psicológicamente al hijo, como en "Psycho". Y la naturaleza imponía sus leyes a capricho, como en "The Birds".
Entre ese sadismo y la sensualidad volcánica emergía siempre elegante el humor con marca de la casa. Sólo una vez Hitchcock renunció al suspense, y fue para firmar una comedia: "Mr.& Mrs. Smith".
El género le acompañó casi siempre: despuntó por primera vez en "39 Steps", se vistió de sofisticación en "To Catch a Thief" y despidió su cine en "Family Plot". Desapareció en cambio, en sus títulos más incomprendidos: "The Wrong Man", "I Confess" y "Under Capricorn".
Mientras tanto, Hitchcock tenía tiempo para inaugurar términos como el cameo -otra firma personal-, el psicoanálisis para la gran pantalla -en "Spellbound" y luego en "Marnie"- o el asesinato de la actriz protagonista, de nuevo en "Psycho".
Esta cinta, precisamente, fue concebida para la televisión, lugar que transitó como buen visionario con su serie "Alfred Hitchcock Presents".
También Hitch innovó en la música, gracias sobre todo a Bernard Herrmann, que rompió los moldes de la música sinfónica del cine clásico. Y para los anales queda el "Qué será, será" interpretado por Doris Day en "The Man Who Knew Too Much".
También mantuvo abierto el canal de cine y pintura colaborando con Salvador Dalí para los decorados de "Spellbound" o recurriendo a Edward Hopper para recrear un terror seco por pura taxidermia del motel Bates.
Y hablando de taxidermia, Hitchcock parece el más vivo de los cineastas desaparecidos. Hoy en la cartelera se proyectan homenajes a su cine como "Shutter Island", de Martin Scorsese, o "The Ghost Writer", de Roman Polanski. Porque, conociendo como conocía las claves de la muerte, supo acceder sin trabas a la inmortalidad.
Albacete (España) EFE. El escritor peruano Mario Vargas Llosa será investido doctor honoris causa por la Universidad de Castilla-La Mancha (centro de España) el próximo 5 de mayo, en el marco de la segunda edición del programa “Bicentenarios”, dedicado al Perú.
El rector de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Ernesto Martínez Ataz, hizo ese anuncio hoy durante la rueda de prensa de presentación de la segunda edición de ese programa, que llevará por título “Bicentenarios de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas”.
El programa, que está organizado por la Fundación General de la UCLM, cuenta con más de 1.300 alumnos inscritos y se desarrollará el 4 y 5 de mayo, con la presencia de destacadas personalidades como el secretario técnico peruano del Acuerdo Nacional, Max Hernández.
El rector subrayó que, por segundo año consecutivo, la UCLM ha querido sumarse a “esta importante iniciativa internacional” que desarrolla programas anuales dedicados a diferentes países iberoamericanos, donde se integran actividades científicas, culturales, económicas, políticas y sociales.
DESTACAN RELACIONES ACADÉMICAS
Dichas actividades están dirigidas, no solo a la comunidad universitaria, sino también a entidades públicas, empresarios y organizaciones sociales de la región.
Martínez recordó que el pasado año el campus de la universidad recibió a representantes de la República de Ecuador y destacó que esta segunda edición está dedicada a Perú por “las estrechas y fructíferas relaciones académicas que existen entre la UCLM y universidades peruanas, que se han visto impulsadas y notablemente incrementadas en los últimos años”.
El encuentro tendrá como objetivo principal fortalecer la actividad académica de la Universidad regional "permitiendo a los alumnos un conocimiento más cercano y profundo de estos países”.
Otro de sus objetivos será reforzar la internacionalización de la UCLM, por lo que los rectores invitados mantendrán una agenda de contactos con distintas facultades y centros.
Martínez Ataz adelantó que el resultado de ese trabajo será la firma de un convenio entre la UCLM y la Alianza Estratégica (Universidad Nacional de San Marcos-Universidad Nacional de Ingeniería – Universidad Nacional Agraria de La Molina), que promoverá la participación de más de 20 titulados peruanos en másteres y cursos de postgrado de la UCLM.
Hace unas semanas, en París, Miguel Lerzundi y Abraham Prudencio me invitaron a formar parte de un proyecto de revista impresa y virtual (si escribir es una locura, editar una revista lo es más, le dije) pero en medio del ajetreo parisino, el apuro por la hora, la amistad y un vino, decidimos sacarla. Yo, claro, era solo invitado a publicar un texto inédito, pero como andamos medio locos los editores, hicimos la travesía de la impresión en fotocopiadora, donde un chino que apenas masticaba el francés intentaba explicarnos qué y cómo se hacía una revista así; y luego bajamos corriendo el barrio chino francés, buscando algún lugar dónde engrapar la revista pues el chino carecía de grapas: todo esto bajo la lluvia. Más allá del contenido de esta revista virtual (y también fotocopiada, recuerden, como toda revista universitaria que se respete), me quedé para siempre con la aventura en la memoria (desde mi época de San Marcos no recordaba esas correteaderas). Acá el enlace: espero lo disfruten, se irá alimentando semanalmente con nuevos aportes (y mejorando el verde-limón-yo-amo-iquitos, que le ha puesto Miguel). Con ustedes "EXILIO LITERARIO DESDE PARÍS": Leer AQUI
Expositor: Paul Guillén
Inicio: Martes 11 de Mayo
Horario: Martes y Jueves de 6:00 a 8:00 p.m.
Duración: 4 semanas
Costo único: 150 soles
INSCRIPCIONES Y CLASES:
MIRAFLORES
Teléfono: 980946876
Mail: vane.martinezrivero@gmail.com
“La poesía no es una forma de entretenimiento, y en cierto sentido ni siquiera una forma de arte, sino nuestra meta antropológica y genética, nuestro faro lingüístico y de evolución”
Joseph Brodsky
1. Introducción
El taller busca implementar y estudiar algunas herramientas básicas en la creación de textos poéticos.
2. Programa
Sesión 1: ¿Qué es la poesía? Partes del poema: epígrafe, estrofas, cantos, secuencias, versos, cita directa, cita indirecta, dialogismo.
Sesión 2: Figuras retóricas. Aprender la técnica y luego olvidarla: imagen, metáfora, encabalgamiento, aliteración, anáfora, hipérbaton, etc. Ejemplos prácticos en César Vallejo, Martín Adán, Jorge Eduardo Eielson, Carlos Germán Belli, Enrique Verástegui y Róger Santiváñez.
Sesión 3: Fuentes emisoras de poesía: cosmopolita, nativista, mitológica y urbana.
Sesión 4: ¿El ritmo es todo en poesía?: uso y abuso de cacofonías, adjetivos, gerundios y gerundios seguidos de pronombre enclítico.
Sesión 5: El ritmo no es todo: las teorías de Ezra Pound y el verso proyectivo de Charles Olson.
Sesión 6: Vertientes básicas de poesía: surrealismo, imagismo, concretismo, oulipo, neobarroco.
Sesión 7: El poema en prosa: ritmo, variaciones y perspectivas.
Sesión 8: Rompimiento de los géneros literarios: realismo y metafísica, lirismo y narratividad, iconografía pop y alta cultura, cuestionamiento de la estructura poética y aceptación de las reglas, intención totalizadora y catarsis episódica, exhuberancia rítmica y atonalidad.
3. Metodología
El taller es de carácter creativo y se contará con corrección de textos de manera personalizada
4. Materiales de trabajo
Los materiales serán entregados oportunamente por el coordinador del taller.
“El ejercicio de especular quiénes quedaron fuera de una antología quizá sea lo más interesante, aunque el verdadero aporte esté en el resultado del “algoritmo” que empleó su organizador. Lo más probable es que Salvador Luis –seleccionador de “Asamblea portátil”–, ante lo bueno, lo feo y lo malo de los narradores iberoamericanos nacidos entre 1974 y 1987, se haya centrado (más que en su buen gusto) en la necesidad literaria de mostrar lo que pergeña un escritor iberoamericano que frisa los 30 años. Son 25 los elegidos, que proceden de 13 países. Más allá de las justificaciones para plantear una representatividad cuyo rótulo quizá se convierta en el nombre de una promoción transnacional, se aprecia un verdadero esfuerzo de S.L. por alcanzar un equilibrio, no obstante su exceso (de pasión) y su cuota (de inclusión), es decir, un ritmo que atiende casi matemáticamente a orígenes, sexos, temas, trayectorias y proyecciones.
Porque en esta asamblea hay de todo (desde cierto afán por la erudición frívola y banal hasta la superación de juguetear con el ombligo), procura un verdadero gusto encontrar textos que descollan entre la monotonía del cumplimiento del deber, como “Los invencibles” del venezolano Rodrigo Blanco Calderón o “El color de la sangre diluida” del cubano Jorge Enrique Lage, en los que se advierte un pulso de más riesgo, aunque ello no suponga efectivamente un afán de ruptura. Textos que, junto a un puñado más, nos recuerdan cuán buenos somos en Iberoamérica en el arte de narrar.”
Estoy leyendo "Fragmentos de un cuaderno manchado de vino", de Charles Bukowski desde hace dos días, un libro que recopila cuentos inéditos, ensayos, apreciaciones y desprecios del autor que marcó generaciones de rabiosos escritores punks (una vez le oí esta frase a un viejo escritor, me pareció genial). Dice Buk, por ejemplo: "En tiempos en que creía que era un genio y me moría de hambre y nadie me publicaba, solía desperdiciar mucho más tiempo en las bibliotecas que ahora" (fragmento del texto "Un delirante ensayo sobre la poética y la condenada vida, escrito mientras bebía media docena de latas de cervezas (altas)"). Bueno, ese es el genio de Bukowski, así digan lo contrario. Y en este libro hay un texto delicioso que el autor escribe para una edición de Jack Hirschman, titulada "Antología de Antonin Artaud" , otro de los grandes de la literatura, poco recordado pero siempre valorado. Y Bukowski, oh Bukowski, tiene frases del tipo: "No soy estudiante de literatura. Lo único que sé es lo que siento, maldita sea. El libro está dividido en dos partes: "Antes de Rodez" y "Rodez y después". No se divide a un hombre por manicomios. Ni por rupturas con el surrealismo. Se sigue el alma de un hombre como una cuerda a medio podrir. Y se empieza en cualquier parte". Como fuere, busquen este libro. Y lo menciono pues ha coincidido con un artículo sobre Artaud que ha publicado Babelia, el suplemento cultural de El Pais (que siempra trae cosas interesantes). Dice el artículo:
Antonin Artaud
Hay que darle a las palabras sólo la importancia que tienen en los sueños", escribe Antonin Artaud en El teatro y su doble. Cito de memoria y es posible que lo haga de forma inexacta, pero así ha persistido en mi mente como una extraña advertencia desde que la leí en la adolescencia y, si hacemos caso a su significado, así debe quedar. Escritor, poeta, actor, dibujante, pero sobre todo un hombre atormentado e iluminado por el dolor, las drogas y la locura, Antonin Artaud (Marsella, 1896-Ivry, 1948) es uno de los grandes malditos del arte. Su leyenda está formada a partir de una existencia tan alucinada como trágica, así como por unos pocos libros que siguen siendo lecturas de referencia. La Casa Encendida, de Madrid, inicia el próximo viernes una amplia muestra sobre su vida y su obra, con dibujos, fotografías y sus cuadernos (algunos inéditos), además de actividades paralelas con películas, debates y una Radioperformance.
En tratamiento psiquiátrico casi desde la niñez, fue medicado tempranamente con opio, láudano y otros estupefacientes que lo convirtieron en adicto de por vida. Al llegar a París no tardó en ser acogido en el círculo surrealista de André Breton, gracias a su poemario Tric Trac del cielo (1924), pero poco después rompía con ellos para emprender su camino como actor en el teatro y el cine (hizo papeles secundarios en Napoleón, de Abel Gance, o en La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer, entre otras), aunque con moderada fortuna. En esa época era un joven inteligente y sociable, de enigmática belleza y mirada penetrante, con un trasfondo oscuro y un carácter apasionado y visionario, que no tardaba en aflorar.
Artaud fue un pensador radical, vanguardista, que propuso las ideas de lo que llamó el Teatro de la Crueldad, que impactara profundamente en el espectador hasta hacerlo salir de la complaciente pasividad ante el teatro de entretenimiento. Junto a ello ponía como ejemplo el teatro balinés -asistió fascinado a dos representaciones en 1922 y 1931-, basado exclusivamente en la fisicidad y el simbolismo, opuesto a los excesos del diálogo en el teatro burgués occidental. Los textos reunidos en El teatro y su doble (publicado en 1938) siguen siendo una lectura intensa y reveladora, no sólo para los amantes de este género.