21 agosto 2007

Nacimos para perder


Sobre Nacimos para Perder. Simplemente cuentos
/por José Güich/


Hay una pregunta retórica a propósito de la escritura de ficciones. ¿Qué significa esa actividad? ¿Qué sentido esconde? Los autores reunidos en Nacimos para perder, nacidos entre 1961 y 1979, ejecutan esa labor haciendo a un lado las eternas interrogantes de por qué o para qué infiernos se apartan del mundanal ruido e inician jornadas extenuantes, de las que uno emerge consumido, agotado por el esfuerzo de construir una historia que, al mismo tiempo, sea una revelación única e intransferible acerca de cómo un escritor concibe al mundo, lo reelabora y ulteriormente construye un universo con sus propias reglas y convenciones. En lo personal, pienso que no hay una respuesta única o un pensamiento guía al respecto.

Cuando alguien escribe, no hay teoría o especulación que valga. Es uno y solo uno frente a la bendita o, mejor aún, maldita página en blanco, que se abre como una puerta hacia el único territorio donde el ejercicio de la libertad es la única certeza admisible. A las otras, se las quisieron llevar ciertos discursos nacidos de la postmodernidad, convenientemente manipulados por los fundamentalistas del mercado, al que muchos oportunistas han querido arrimarse para declarar, neciamente, que la historia ya concluyó. Y nada más alejado de eso que los relatos de esta colección, en los que subyace, como motivo guía, la sombra que proyectan las grandes pérdidas y ausencias en el balance de una vida humana; partidas o rupturas, amores imposibles, la perdida de la inocencia, el reencuentro con los miedos más profundos y la soledad moderna son solo algunos de los temas de estos cuentos. Algunos, con ironía o desenfado; otros, con un fatalismo visceral, o bien, con una mirada nostálgica, pero nunca complaciente, nos entregan versiones paralelas y desafiantes de la realidad. Cada autor, desde su experiencia y sensibilidad, se opone tenazmente a la idea de que el mundo solo deba ser contemplado en función de la homogeneización y lo que podría llamarse, con sorna, la cultura Kentucky Fried Chicken, que ha idiotizado a una buena porción de la humanidad.

No existe literatura plena que nazca de la claudicación o del conformismo, disfrazado de recetas anodinas. Y de eso, todos los escritores antologados están muy seguros. Para aquellos que quieran tranquilizar sus almas con productos livianos, están más bien, los Manuales de Autoayuda que Gabriel satiriza tan eficaz y jocosamente en la nota de presentación. La literatura auténtica, esa que se escribe con pulmones, hígado y el aparato genital entero, solo puede debe brotar de la colisión frontal contra aquello que los asimilados al sistema denominan “lo fáctico” casi con veneración religiosa y de rodillas; para un narrador, eso no es más que nutriente, materia prima de la escritura. Al trasvasarse a la maligna hoja, se convierte en una ficción. Para ello, es necesario que los creadores se devoren a sí mismos y luego expectoren sus pesadillas, sus ilusiones, sus frustraciones, sus búsquedas del paraíso terrestre, sus monstruos predilectos y, quizá, muy relegada en el desván construido por el desencanto, esa palabra llamada “esperanza”…aunque no sabemos de qué o para qué. Y lo más fascinante es que también se apropian de los terrores ajenos, los cargan sobre sus hombros y los llevan a cuestas a través de los laberintos insondables de una narración.

De todo eso y mucho más habla Nacimos para perder, inteligente título que Gabriel ha sabido utilizar no solo como alusión al eje de la antología, sino, en un segundo plano de lectura, para darle un golpe certero a todos aquellos domesticados para los cuales la literatura no pasa de ser un mero pasatiempo, y cuyos cultores siempre llevan siempre en sus frentes el sello del sospechoso, del marginal o de la demente. No, señores tecnócratas, escribir relatos es un trabajo muy serio, que exige disciplina, entrega plena y sinceridad (los mismos principios que, graciosamente, campean en los bancos o en los supermercados). Aunque, a decir verdad, al escritor no le viene mal algo de locura, de marginalidad o recibir eternas acusaciones de subversión, parricidio o irreverencia ante las verdades consagradas.

Escribir es, sobre todo, una celebración agónica y un ritual mistérico; pero también puede ser, simplemente, como nacer, morir o apagar la televisión…un acto entre tantos, que solo alcanzará la trascendencia que cada autor quiera otorgarle en una época tan desabrida, tan antiutópica y de otras barbaridades nacidas de la deshumanización que poco a poco quiere ponernos contra las cuerdas y convertirnos en obedientes ovejas dentro del redil. Y ahí están, estamos, los escritores, decididos a ejercer el derecho a ser anarquistas, a fundar nuestra religiones personales o, simplemente, asustar, desestabilizar a los bienpensantes que creen tener los pies bien puestos sobre la tierra.

En “Nacimos para perder”, creo que todo eso se da con creces, en amplias cuotas sin vencimiento de pago…..Y es una muestra de que la narrativa peruana está más oronda y viva que nunca, apostando por una diversidad temática y estilística sin precedentes en otros períodos. Su lectura atenta puede brindar un mapa general de los derroteros y opciones actuales por los que avanza nuestra narrativa. El orden solo está dictado por la fecha de nacimiento de los seleccionados, lo que contribuye a fortalecer la identidad del conjunto, basada en los contrastes poéticos y estructurales. Celebremos, pues, juntos, esta sana y aconsejable heterogeneidad de miradas, anhelos y sacrificios a los viejos dioses; festejemos esta sana demencia que es perpetrar un cuento. (José Güich)

06 julio 2007

Nacimos para perder. Simplemente cuentos

Gonzalo Málaga / Gabriel Rimachi Sialer (Ed.) / José Güich
presentando la antología en la Feria Internacional del Libro 2007

Nacimos para perder. Simplemente cuentos


Casatomada presenta el cuarto título de su serie "En el camino"

“Nacimos para perder. Simplemente cuentos”.

En esta antología temática, preparada por el escritor Gabriel Rimachi Sialer, escriben Fernando Iwasaki, José Güich, Carlos Rengifo, Pedro Llosa, José Donayre, Gonzalo Málaga, Miguel Ildefonso, Ricardo Ayllón, Max Palacios, Rocío Uchofen, Manuel Cadenas, Santiago Roncagliolo, Julio César Vega, Omar Benel, Antonio Moretti, Diego Trelles, Miguel Ruiz Effio, Hernán Polo, Johann Page y Claudia Ulloa Donoso.

Esta colección aborda el tema de la derrota desde la perspectiva particular de cada uno de los veinte autores convocados, así, el libro presenta un abanico de estilos narrativos y enfoques sobre un mismo tema, donde el humor, la ironía y la ficción se unen para mantener en vilo al lector, por lo cercano de sus situaciones y planteamientos.

Un libro que no debe faltar en casa




De venta en la cadena de librerías Crisol, Commentarios (Jr. Ica 144, Lima), Contracultura (Av. Larco Cdra 12), Ibero (Larco y Diagonal) y, cómo no, también en Quilca (Kenyi - Stand 44).

22 mayo 2007

Amores Bizarros



El amor, de más está decirlo, es uno de aquellos sentimientos que puede elevar al individuo a esferas celestiales nunca alcanzadas o sumergirlo en el más absoluto Infierno dantesco. En esta colección de relatos, Max Palacios explora aquellos amores intrincados y extraños, retorcidos y anormales, que se niegan a sucumbir en el olvido, ofreciéndonos una vasta galería de personajes que difícilmente podrán abandonar nuestra memoria.

Con Amores bizarros, publicado originalmente en el año 2003, Max Palacios ingresa a la innumerable galería de libros que recrean y exploran las relaciones amorosas, mostrándonos en sus personajes a esos seres egoístas y hedonistas que solo viven para el placer y la autosatisfacción. Y, además, nos enfrenta con nosotros mismos.

04 mayo 2007

Patio de bestias



Patio de bestias es la primera novela del escritor y periodista Manuel Cadenas, escrita hace poco más de una década, pero que conserva esa frescura salvaje que sólo tienen los buenos textos. Basado en una historia que podría suceder en cualquier espacio universitario, Patio de bestias describe el despertar de un grupo de muchachos a la política oscura, las intrigas universitarias, las noches de bohemia, el descubrir del conocimiento, y esa vorágine que es matiz exclusivo de la juventud. A diferencia de las novelas generacionales o de aquellas sumergidas en la temática fácil de drogas o alcohol, en estas páginas el lector descubrirá entre sus líneas, un mundo oculto, lleno de historias cuyo vértigo y estilo narrativo mantendrán el suspenso a lo largo de la historia.

27 abril 2007

José Watanabe



En el verano del 2000, se celebró el Lima un encuentro internacional de escritores en el hotel Pardo de Miraflores, organizado por el Pen Club. Yo, aspirante a escritor, conseguí gracias a algunos favores familiares que me otorgaran una credencial para poder asistir toda la semana a las charlas y conferencias magistrales.
El primer día del encuentro, tras cruzar el umbral de la doble hoja de vidrio que separaba ese paraíso de letras del mundo común, vi a todos los escritores que había leído en el colegio, conversando entre ellos y revisando algunos libros que los colegas ofrecían a la entrada del auditorio. Entre ellos destacaba uno, alto, solitario y sereno, con un impecable terno blanco y bufanda crema, larga hasta por debajo del cinturón, examinándolo todo (o tal vez solo pensando), de pie al lado de la entrada al auditorio. Me acerqué a presentarme, soy fulano de tal, quiero ser escritor; cómo le va, mucho gusto, soy José Watanabe, también quiero ser escritor.
Esa imagen es la que más recuerdo de aquel encuentro donde desfilaron grandes narradores y poetas (Washington Delgado dio una conferencia estupenda sobre Madame Bovary), y de sus conversaciones reposadas, siempre interrumpidas por algún lector que se acercaba -como yo- a saludar, pedir una firma o simplemente escuchar. Y es que Watanabe tenía ese don de hacer que su voz captara siempre la atención del resto. Sus historias, sus lecturas, el ritmo de su poesía, todo aquello era como él: una reposada forma de sabiduría. Con los años no llegamos a ser amigos, pero sí conversamos algunas veces.
Yo, que ya había publicado mis primeros libros, buscaba en los suyos aquella sabiduría que hasta ahora intento transmitir. En el homenaje que le organizaron en el Centro Cultural Británico, me tocó dar una ponencia sobre su obra.
Sentado en primera fila, rió mucho cuando leí el título de mi trabajo: "Influencia de la filosofía Zen entre un poema del Tao Te Ching y El Lenguado, de José Watanabe". El horroroso y rimbombante título de mi disertación, buscaba, más allá de la pretención académica -sospechosa siempre- aquellas palabras que dijo al acabar, luego de un efusivo y sincero abrazo: "Gabriel, nunca me había reído tanto". Suficiente. Lo conseguí. Por eso mismo, querido amigo, José, sé que no has muerto, y que a pesar de la frase de rigor "siempre vivirá en nuestros corazones" se aplica en estos casos, prefiero escribir: José Watanabe no ha muerto, porque desde anoche, es como toda la arena... como todo el vasto fondo marino...


El lenguado
Soy
lo gris contra lo gris, mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy
una palada de órganos enterrados en la arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.

19 abril 2007

Manual de Mitología Urbana - Antología


Esta antología reúne una selección de cuentos cuya temática responde a esos personajes oscuros (fantasmagóricos en algunos casos) que suelen poblar nuestro acervo cultural urbano. Muchas veces hemos oído de historias cuya trama raya en el delirio del miedo, de lo oculto, del camino prohibido. Los autores que integran este libro de colección, se aventuran a ingresar en un mundo donde el lector, de seguro, caerá desprevenido. (De próxima aparición - Autores Varios)

10 abril 2007

El rumor de la tormenta

Dante Castro / Julio Heredia / Carlos Rengifo / Gabriel Rimachi Sialer (Ed.)
Presentando "El rumor de la tormenta" en la Alianza Francesa de Miraflores


Carlos Rengifo es uno de los narradores más notables aparecido en la década de los noventa. En El rumor de la tormenta, las historias marcan un ritmo desenfrenado, donde los personajes se adueñan del lector para sumergirlo en mundos tan humanamente complejos, que parecieran atraparnos en laberintos en los cuales aparece la resignación como única salida. Las historias que habitan estas páginas, estupendamente narradas desde el vientre mismo del engaño, el rumor, la desilusión y la esperanza, constituyen un fresco de la transición social y moral que experimenta una sociedad que se resiste a los cambios, pero que finalmente sucumbe, sin valorar el costo.Este nuevo libro de Rengifo confirma entonces no sólo la consolidación de su estilo, ya característico en pinceladas de realismo y ternura, crudeza y compasión, sino que además permite compartir en sus líneas, la visión y el análisis de un escritor que vive su tiempo, que observa y analiza su entorno, mostrándonos el lado más humano de una sociedad globalizada: esa dudosa ambigüedad en la que a todos, de alguna manera, nos toca participar.

27 marzo 2007

El color del camaleón


En estos cuentos Rimachi Sialer nos propone un juego fascinante donde la certeza y la ambigüedad se confabulan para crear realidades paralelas que son aterradoras porque se parecen demasiado a la nuestra. Cuentos donde se muestra la pericia del narrador, demostrando que con esta nueva entrega está afilando su pluma para la espera novela.

El Diario Negro de A. Bransiteff



En la habitación de un hotel se halla el cadáver del escritor cerca de su máquina de escribir. Al llegar la policía, descubren una serie de documentos que la víctima estaba investigando antes de morir. Estos documentos narraban su vida propia y parte de una novela. Uno de los últimos deseos del escritor era ver su material publicado. Con esta novela, Arquíñigo aparece en la escena de la narrativa peruana como un escritor que recupera una tradición casi perdida: el de la estupenda novela negra.

28 febrero 2006

La venganza de los sentidos


¿Qué le pedimos a un cuento para quedarnos entre sus páginas? Que nos atrape y entretenga, que nos rete, que nos impresione, que nos seduzca. Aquí hay una mujer que por amor a su marido se acuesta con el jefe; una secretaria que se hace la estrecha para ceder a casi nada; un sujeto que se pinta una vida exitosa y hermosa cuando sale de casa, que va destiñéndose a medida que el día avanza y la realidad lo atropella; un cuchillero que defiende el honor de su padre y de su damisela, un homosexual.Acompañan estos cuentos y relatos, pequeñas viñetas que han sido escrito algunos con humor y otros con rabia. David Falcón es de los escritores que quieren contar una historia y hacerlo bien. (Javier Arévalo)