28 mayo 2012

CONVERSATORIO “LIMANERÍAS: TRES VISIONES SOBRE LIMA”



La Casa de la Literatura Peruana (CASLIT) presentará el conversatorio "Limanerías: tres visiones sobre Lima” donde se presentarán diferentes puntos de vista sobre la ciudad de Lima, teniendo como tema motivador la obra Limanerías del escritor Juan Manuel Chávez. Durante el evento tres destacados profesionales: Miguel Lescano (poeta y pintor), Daniel Ritière (fotógrafo) y el autor de la obra, Juan Manuel Chávez, nos hablarán sobre cómo han construido en sus obras y desde sus diferentes campos artísticos una mirada de nuestra ciudad capital.
La cita es el jueves 31 de mayo, a las 6:30 p.m., en el auditorio de la CASLIT (Jr. Ancash 207, Lima). El ingreso es libre.

Sobre el Libro
Limanerías de Juan Manuel Chávez (Editorial Casatomada, 2012) es un libro que está escrito con una atractiva combinación entre el castellano y el quechua, ambos dialectos usados en la obra. El uso de estos amplía el escenario que nos transporta a una Lima de la cultura chicha y popular muy marcada. Sus procesos históricos de sincretismo y aculturación y sus diferentes paisajes definidos muchas veces por su delirio arquitectónico y musical que convive día a día con nosotros. Esta publicación abre brillantemente una serie que, esperamos, se convierta con los años en un aporte importante para la cultura y el conocimiento en nuestro país.

En el conversatorio participarán:


Juan Manuel Chávez (Lima, 1976)
Licenciado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Diplomado en Docencia en educación Superior, obtuvo el Premio Copé Plata en la XII Bienal de Cuento (2002) y la primera mención del Premio Nacional de Novela “Federico Villareal” con La derrota de Pallardelle (Fondo editorial de la UNMSM, Lima 2005). Ha ofrecido conferencias y talleres en la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de La Sorbona de París, la Universidad de Urbino, entre otras. Entre sus publicaciones destacan las novelas La derrota de Pallardelle y Ahí va el señor G, sus ensayos en italiano Lima. Un Camaleonte tra due specchi y el libro de cuentos Sonríen los desamparados.

Miguel Lescano Tena (Lima, 1963)
Poeta, pintor, fotógrafo y artista visual. Ha recorrido gran parte del mundo llevando y creando su obra en diferentes ciudades. Estos recorridos han servido para enriquecer su trabajo. Su constante interés por la experimentación lo ha llevado a cubrir múltiples corrientes. En el año 2006 la Galería John Harriman homenajeó a este artista con una exposición retrospectiva visual de su obra titulada: "Diario de Viaje". En el 2011 presentó su exposición individual "Lima Gótica", que incluía una performance en la Galería De Santi en Buenos Aires.


Daniele Ritière (Bruselas)
Destacado fotógrafo belga que combina su pasión por la imagen y los viajes. Ha pasado gran parte de su vida recorriendo distintos lugares del mundo, en su mayoría de Latinoamérica, donde ha desarrollado proyectos fotográficos y audiovisuales. Ha colaborado con la Casa de la Literatura Peruana. Desde el 2010 viene desarrollando exposiciones fotográficas sobre la cultura, el contexto y la situación peruana, destacan en esta labor las muestras: "CASLIT, un año en imágenes", "Lima se nos va” y “Luces de Marruecos” en la Sala Raúl Porras Barrenechea.


Para mayor información comunicarse con la Srta. Alessandra Tenorio, Jefa del Equipo de Promoción Literaria, a los teléfonos: 426 2573 anexo 103 / 990977993.


23 mayo 2012

Niño de Guzmán: el escritor de medianoche




Escribe: Cecilia Podestá

Neblina para ventanas rotas

La perturbadora conversación entre un padre y su hija al momento de acostarla termina con los relinches de una manada de caballos blancos, desbocados en una noche interminable y que será eterna mientras haya lectores. Una prosa violenta dentro de una calma verosímil, dolorosa y pareja; comenzaba. Este cuento es el inicio y da nombre al primer libro de Guillermo Niño de Guzmán: Caballos de medianoche (Seix barral, 1984).

“¿Una entrevista? Pero ¿a cuento de qué? No he publicado nada”. Acaso la simple primera lectura de un libro no puede ser un motivo para ir detrás de la carcajada de quien lo escribió y preguntarle por escenarios y personajes, o por el poco sentido de la realidad que para ser conservada se guarda bajo el lenguaje, única y total maldición de los escritores.

“Tenía 29 años cuando lo publiqué. Mario Vargas Llosa lo prologó y lo recomendó a los editores. Admito en ese libro una frescura que después me fue difícil alcanzar. Ahora me pasa al revés: domino la forma y se me escapa ese apresar el mundo que era tan mío” dice Guillermo Niño de Guzmán, rodeado de las fotografías en blanco y negro que cuelgan de sus paredes y bien podrían ser voces que se presienten cuando ya no queda nadie, risas y bailes quietos que ya van durando décadas.  Quizá alguno de ellos llegó a ser personaje, o solo acompañó al escritor en una que otra noche demasiado larga entre el jazz y la ventana.  

Lo sórdido y lo sucio en una prosa que se aspira, mostraron personajes entre el jazz, la cerveza, la autodestrucción o la calma ante en el segundo exacto en el que una bala se hunde en el estómago, como en El olor de la noche junto a la mujer desgarbada  que habría sido bonita unos diez años antes.

De pronto quise escuchar la canción de La Reina, encontrada muerta por sobredosis que es igual a decir tristeza en Good Morning, Heartache, tercer cuento del libro en el que el narrador piensa en que a La Reina le hubiera gustado “escuchar”  When the saints go Marchin in en su propio velorio, una fiesta miserable para su pianista, un tal Mauricio y el que narra la historia de ella y un bebé muerto guardado en una caja rodeado de su propios olores.

Pero Guillermo Niño de Guzmán no pone esa canción, sino que sigue, nos cuenta más sobre esa galería de personajes. Una mujer no hace un verano, su segundo libro de cuentos  salió en 1995 y Algo que nunca serás en el 2007.

“Si, publico poco, cada diez años o más. Soy un cuentista. Eso también me da libertad, no tengo la presión que tienen los novelistas. Quería ser libre y lo he logrado. Solo publico cuando creo que tengo algo importante que decir, casi como hacen los poetas. Mis personajes salieron a correr por el mundo como yo y eso está bien.  A los veinte años no me hizo falta más que una mochila y cuatro reales. Viví en Francia, Paris, Madrid, Barcelona.  Incluso, fui corresponsal de guerra en Bosnia en Sarajevo y…. ¿qué recuerdo de eso?”.

“Vi muchas personas que habían perdido sensibilidad, aventureros, gente joven. Nos jugábamos la vida pero pronto lo sabríamos. Era una zona de guerra. Recuerdo que alquilé un chaleco antibalas en una armería en Paris para que me dejaran pasar únicamente. No servía de mucho, fue el más barato que conseguí. Nunca vi tanto miedo, AKMs, cosas dolorosas. Tampoco volví a sentir tanta adrenalina. Además había que escribir sobre la marcha. Lo hacía como podía desde un hotel tomado, escuchando las sirenas del toque de queda. Los periodistas están condenados a escribir sobre el presente, los escritores sobre el pasado, pero la muerte se da en ambos tiempos, además tiene un olor particular, sabes?”.  

Guillermo Niño de Guzmán vuelve  mirar por la ventana. La neblina no es imaginaria. Es el primer día del invierno limeño. Sarajevo desaparece y dice “escribo mi primera novela”.

Habrá que esperar entonces junto a la misma ventana por esa nueva caravana marginal de personajes fascinantes que convirtieron al narrador en uno de los mejores escritores de nuestro país.

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16 mayo 2012

"El verano largo" de Siu Kam Wen hoy jueves 17 de mayo en el ICPNA de Miraflores

Si hay un escritor mítico en los años 80 ese es Siu Kam Wen, autor del imprescindible libro de cuentos titulado "El tramo final", reeditado por Casatomada en su serie Clásicos Peruanos Contemporáneos, y que provocara una avalancha de excelentes críticas y comentarios hacia la obra de este enigmático autor, de quien el diario La Prensa señaló: "Siu Kam Wen, quien no sabemos si en realidad existe, ya que está de moda inventar escritores orientales para encubrir autores conocidos…". 
El resto es historia.
Convertido ahora en un autor de culto, llega a Lima para presentarnos “El verano largo”, novela donde Siu –alter ego del autor –recorre la memoria de sus primeros años universitarios, la calle, la dictadura, los amigos, un amor, el silencio, las soledades, el descubrir de un nuevo mundo, Lima y sus cambios producto de la migración, la violencia de saberse extraño en un lugar amado, los enfrentamientos políticos, las convulsiones sociales que cambiaron al país, la familia y nuevamente el amor: la vida. 
Porque una vida sin amor, es como un año sin verano.

"El verano largo" se presentará este jueves 17 de mayo de 2012, a las 7:00 p.m. en el Conference Hall del Instituto Cultural Peruano Norteamericano – ICPNA Piso 10 (Av. Angamos Oeste 160, Miraflores). 
Los comentarios estarán a cargo de los prestigiosos escritores Oswaldo Reynoso y Juan Manuel Chávez.

El ingreso es libre.

08 mayo 2012

Adiós, Maurice Sendak



El célebre autor de literatura infantil estadounidense Maurice Sendak, considerado uno de los ilustradores de cuentos infantiles más importantes del siglo XX, ha muerto este martes en un hospital de Connecticut a los 83 años, según informa «The New York Times».
Sendak, que saltó a la fama en 1963 con la publicación de «Donde viven los monstruos», falleció en Danbury (Connecticut) por complicaciones derivadas de un derrame cerebral, según dijo al diario su editor, Michael di Capua.
Los cuentos de Sendak, que introdujeron al lector en un mundo mágico de grandes riquezas visuales y narrativas, han sido una parte fundamental de la niñez estadounidense desde los años sesenta.
Su obra literaria es amplia, pero Sendak es principalmente conocido por una decena larga de cuentos infantiles que él mismo ilustró, incluido el ya citado título, que en 1964 le hizo ganar la prestigiosa medalla Caldecott y que sigue cosechando éxitos de venta en todo el mundo.

Ruptura de moldes y tradiciones

Autor también de «La cocina de noche», Sendak obtuvo igualmente, en 1996, la Medalla Nacional de las Artes, de manos del entonces presidente Bill Clinton, por su vasta obra literaria.
Sendak, según los críticos, sentó escuela, porque nunca limitó su obra a la fórmula convencional, segura y fielmente seguida por otros autores de cuentos infantiles: también presentó al lector el lado más «oscuro» de la psique humana.
Sendak se dio asimismo a conocer por sus imaginativas ilustraciones en obras como «A Hole is To Dig», de Ruth Krauss, o «Osito», de Else Holmelund Minarik.
Además de elogios, algunas de sus obras suscitaron controversia y censura, como es el caso de «La cocina de noche», que en el pasado fue censurado por un desnudo infantil en el que algunos detractores vieron connotaciones eróticas.
A través de su obra, Sendak dejó claro que no le incomodaba romper moldes y tradiciones de la literatura infantil estadounidense. Como prueba, muchos de sus libros incluyen héroes y heroínas que, contra lo que dictaban las convenciones, no eran bien educados sino que podían ser tercos y hasta desagradables.

Literatura infantil

En el libro «Donde viven los monstruos», que además ha sido adaptado al teatro y el cine, Sendak cuenta la historia de un niño llamado Max que se embarca en un paseo por su propia imaginación después de que su madre le castigue mandándole a la cama sin cenar.
Ya en su habitación, Max se imagina en una extensa jungla poblada por monstruos que inspiran terror, pero al final el niño se comporta con valentía y los vence uno a uno mirándolos fijamente a los ojos sin parpadear. Aunque los monstruos lo coronan como su rey, Max se siente solo y desea regresar a la habitación de su casa, donde le espera la cena, aún tibia.
El libro, un clásico de la literatura infantil, logró un volumen de ventas superior a los 19 millones de ejemplares en 2009, buena parte de ellos en Estados Unidos.
Entre la vasta obra literaria de Maurice Sendak figuran cuentos como «Outside Over There» (1981), «El letrero secreto de Rosie» (1960), «Dídola, pídola, pon!» (1967), y «Minibiblioteca» (1962).
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07 mayo 2012

Presentación de "Poemitas", de Andrea Pastor

"Poemitas" es la primera entrega poética de Andrea Pastor,  quien estudió Educación en la Normal de Monterrico, especializándose en lengua, literatura y Comunicación. Actualmente sigue una Maestría en Literatura en la Universidad Mayor de San Marcos y es profesora en el Colegio Santa Úrsula. En 2007 recibió el primer premio a mejor poesía en la Bienal del IPNM y el premio a mejor cuento 2008 en la Bienal de Narrativa del IPNM. 
La poesía es, en palabras de Carlos Maza, la mejor forma de acercar a los niños a la lectura.
Los esperamos!
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23 abril 2012

¡Feliz día del libro!


Llegamos al mes de abril sin fin del mundo ni terremoto aparente, y por eso mismo qué mejor forma de celebrar el día del libro, que leyendo. Esperamos que disfruten esta joyita del cuento peruano, que compartimos a manera de regalo entre todos los lectores que nos visitan, y, parafraseando a Oquendo de Amat: lea como quien pela una fruta...


García Márquez y yo
Jorge Ninapayta

Extraños fueron los caminos que me llevaron hacia la gloria. Ahora que repaso mi vida puedo apreciarlo con claridad. El día que yo cumplía veintitrés años, en un bar del Callao, una gitana circunspecta y de carnes enjutas me leyó la suerte en las cartas. Luego, con tono solemne, me dijo que yo haría algo muy importante en la vida; “algo grandioso”, fueron sus palabras.
La verdad, no fue una gran sorpresa para mí, porque siempre estuve convencido de ello. Aunque pensaba que no era necesario ejecutar algo desmesurado; un aporte a la Historia, por pequeño que sea, es un logro notable. Y mientras llegaba el momento esperado, me desempeñaba como corrector de textos en una editorial de libros de teología.
Cuatro años después, partí del Callao en un barco carguero que me llevó por varios puertos de Sudamérica. Así inicié un periplo que duró más de diez años. Me ganaba la vida corrigiendo textos. Lugar a donde llegaba, averiguaba sobre las editoriales o los diarios más conocidos y allá iba a ofrecer mis servicios.
La corrección de textos es un oficio mal reconocido. Y no es una tarea fácil, aunque muchos la consideren una ocupación ancilar y de poco fuste. En este trabajo hay que dominar no sólo la ortografía, la gramática, la sinonimia; también el ritmo y la cadencia de las frases. Muchas veces, incluso, hay que adivinar lo que el autor quiso decir. La experiencia brinda destreza al buen corrector; con los años, basta una rápida ojeada a las primeras frases de un texto para medir la calidad de su autor, para saber si estamos ante un profesional de la pluma o ante un pelmazo que ensarta palabras.
El año más importante de mi vida fue 1967, que me halló viviendo en Buenos Aires. Trabajaba corrigiendo libros técnicos, boletines, algunos volúmenes de cuentos, en una editorial de cierta importancia, luego de haberme rebajado a fungir de ayudante de cocina en un restaurante japonés. No pasaba nada especial en mi vida, y ya empezaba a dudar de mí mismo. Hasta que cuatro meses y medio después de haber entrado a esa editorial, llegó a mis manos un texto grueso en un sobre manila. Era una novela, me dijeron, a la cual debía hacerle la corrección. "Apúrate, el editor quiere entrar a imprenta dentro de una semana".
Es lo usual en todas partes: los editores siempre andan apurados y quieren que uno también se apresure a último momento, cuando ellos han perdido tiempo valioso sacando cuentas sobre costos de producción y esas banalidades.
Hojeé sin ganas las páginas, esperando encontrarme con algún farragoso texto de estilo regionalista y temática sollozante, de los que aún sobrevivían por esos años. Pero sucedió algo inesperado; desde las primeras páginas de esa novela quedé sacudido. Yo había leído antes algo de ese autor, unos cuentos, creo; pero esa novela, que en la primera página anunciaba Cien años de soledad, era, definitivamente, una obra notable y original.
Me entretuve más de la cuenta repasando con delectación cada capítulo, cada párrafo, cada línea. Cada frase llamaba a la siguiente con naturalidad, engarzándose como en una gran joya de finos arabescos, y la historia avanzaba envolviéndome en su universo de maravilla. No le hallaba error de ninguna clase, ni siquiera alguna mácula ortográfica.
Mi labor, esa vez, se redujo sólo a cotejar el original con el texto que iría a imprenta, a identificar las faltas de la digitadora. Sin embargo, parecía que hasta ella, una gorda mendocina que solía resollar mientras aporreaba las teclas, se había contagiado de esta voluntad de perfección y había olvidado sus frecuentes errores. Y mientras realizaba mi labor, pensaba que algo así, precisamente así, me hubiera gustado escribir. Y me acordé de lo que me dijera la gitana.
Yo avanzaba la lectura de la novela sin hallar ninguna falta. Cada hoja revisada la ponía sobre una bandeja, de donde era llevada por un empleado al editor. Hasta que, un poco después de la mitad, hallé algo que me sobresaltó: un vocativo sin su coma. En un diálogo, el coronel Aureliano Buendía era llamado por uno de sus lugartenientes, y el nombre aparecía sin la coma de rigor. Pensé que debía ser descuido de la digitadora, no podía haber otra razón. Pero cuando revisé el original, fue mayúscula mi sorpresa al comprobar que allí tampoco aparecía la necesaria virgulilla. El autor, el maestro, se había equivocado. ¿Era posible? Quizá de tanto revisar y rehacer las frases. A veces sucede.
Que Dios me perdone, pero confieso que me alegré de esa circunstancia, pues para entonces estaba convencido de que esa novela haría historia. Claramente sentí en ese instante que una voz me llamaba desde arriba y, con tono exhortativo, me indicaba que había llegado el momento. Mi momento.
Volví a mirar el vocativo, que parecía como abandonado, inerme, sin su coma. Y, entonces, ya no me quedaba más que cumplir con mi labor, hacer mi aporte. Así es que tomé mi gruesa pluma de tinta líquida, tratando de sortear un temblor que al inicio amenazó con debilitar mi mano, inspiré larga y lentamente, calculé la distancia, la presión necesaria, y esta vez con mano segura y pulso firme puse la coma: un punto grueso con una colita hacia abajo, como mandan los cánones, tanto en la versión de la digitadora como en la del autor. Eso fue todo. Eso fue suficiente.
El resto es historia. La novela prácticamente instauró una nueva manera de narrar, se realizaron varias ediciones de ella y se vendieron millones de ejemplares. Yo permanecí en Buenos Aires sólo hasta la tercera edición. Volví al Callao, donde ingresé como corrector en una dependencia del Ministerio de Educación. Me casé, tuve tres hijos, fui feliz: ya nada importante. Años más tarde me jubilé.
Mi vida después ha consistido en mantenerme atento al derrotero editorial de la obra. En cuanto una nueva edición llegaba a librerías, corría a conseguir un ejemplar, un poco para hacerle honor a la novela, pero sobre todo para verificar la presencia de mi coma, si es que continuaba allí. Y, por supuesto, allí estaba, bien afincada, cumpliendo su función cabal, y hasta me parecía que resaltaba más que los otros signos cercanos.
Ahora que mi modesta pensión de jubilado no me permite comprar las nuevas ediciones –algunas notablemente lujosas–, solamente puedo dedicarme a admirarlas. Entro en esos elegantes recintos de libros del centro, sorteo al vendedor que me mira con gesto despreciativo, ubico la nueva edición, llego hasta la página indicada –que varía según la editorial y las picas– y veo mi coma. Y cuando leo el párrafo pertinente y recuerdo todo el reconocimiento que ha obtenido la obra, que ha contribuido a ganar el Nobel para su autor, yo también siento orgullo y se me hincha el pecho de emoción. En esos instantes percibo claramente cómo el aliento de la gloria me roza la cara y revuelve mis cabellos canos, y me siento orgulloso –muy orgulloso– por esa novela que hace mucho, en un tiempo ya lejano, escribimos García Márquez y yo.


Jorge Ninapayta de la Rosa | Nasca, 1957 | Ha realizado estudios de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Sus cuentos, aparecidos en revistas y antologías, han merecido diversas distinciones: Premio Juan Rulfo, París 1998; Primer Puesto en El Cuento de las 1000 Palabras 1994, de la revista Caretas; Premio Julio Ramón Ribeyro 1998; Premio Juegos Florales 1992 de la Pontificia Universidad Católica del Perú; Premio Jorge Luis Borges 1987. Es autor del libro de cuentos Muñequita linda. En la actualidad reside en Nueva York.

21 abril 2012

Jerónimo Centurión sobre "Los hijos de Eva"



(Diario 16 / Abril 15, 2012). Durante los cinco años que estudió en la universidad, Verónica Chú Saavedra fue la primera de su clase. La más ordenada, la más responsable y la más seria. Cuando culminó esta etapa de su vida trabajó en algunos medios de prensa, pero sintió que estos formatos le quedaban chicos. No solo a nivel de fondo, sino también de forma.
El inacabable acceso a internet le permitió desarrollar un interés creciente por lo que ocurría en el mundo y establecer amistades virtuales con periodistas extranjeros. Así conoció a un periodista iraquí, “quien me contaba los pormenores de su sufrimiento tras vivir en un país invadido. Sin embargo, la comunicación con él se cortó intempestivamente y ese fue el detonante, mi aliciente para escribir lo que sentía, para exponer mi reacción, mi rechazo, mi denuncia personal”, explicó Chú Saavedra.
Ese fue el inicio de una larga, sacrificada y riesgosa aventura: escribir su primer libro, su primera novela. Le tomó ocho años terminarla. Ocho años en los que investigó a profundidad la perspectiva iraquí, su religión, sus costumbres, su cosmovisión, su forma de entender la vida y también la muerte. Durante este tiempo la vida de Verónica sufrió una interesante transformación. Su percepción de la realidad, de la cotidianeidad, de las noticias que como periodista cubría, terminaban en su cabeza, relacionadas con lo que ocurría en Irak.


No podía dejar de comparar, de contrastar, y esto le sirvió para mirar con otros ojos aquello que para nosotros puede ser simple rutina. La dualidad, sin emb a rg o, desaparecía de noche. Cuando sus personajes, dos periodistas sudamericanos encargados de cubrir la invasión a Irak, hablaban por ella, descubrían este nuevo mundo y se llenaban de información e interrogantes que, como Verónica, les era imposible de transmitir mediante sus respectivos reportes.
La novela muestra las complejas consecuencias derivadas de esta guerra, tanto para la población iraquí como para los extraviados invasores y, sobre todo, para los periodistas latinos, para quienes esta cobertura implica un intenso proceso de aprendizaje y de reflexión con respecto a sus vidas, su forma de entender la muerte, el paso del tiempo, la religión, la familia, el trabajo.
Con Los hijos de Eva, su primera novela, Verónica nos lleva a practicar la empatía de varias formas. No únicamente porque la historia es narrada desde múltiples y opuestas perspectivas, sino también porque los temas sobre los que posan la mirada sus personajes van desde Alá, la política, la vida y la muerte, hasta episodios simples y cotidianos.
Una cruda realidad como la guerra vista desde la ficción a través de periodistas que, pese a su rigor, siguen siendo personajes de novela. Una novela honesta que nos lleva a reflexionar, precisamente, sobre los límites de la verdad y la mentira, la realidad y la fantasía, en tiempos donde todo parece estar fusionado.

LA NOTA COMPLETA AQUI.


16 abril 2012

Transversario, de Manuel Capella, este jueves 19 en Guayaquil.



Este jueves 19 de abril a las 19h00 en la Casa De La Cultura Núcleo del Guayas, la editorial peruana Casatomada (que ya editara en 2011 “Balas perdidas” de la escritora Solange Rodríguez Pappe) presentará la primera edición lírica del poeta guayaquileño Manuel Capella titulada: TransversariO.
Los comentarios estarán a cargo de los reconocidos poetas Fernando Cazón y Rafael Montalbán. La ceremonia contará además con la intervención musical del guitarrista Cristian Robinson.
Hora Exacta
El ingreso es libre.


Miércoles 18, presentación de DESASOSIEGOS MENORES, en Bogotá.




Este miércoles 18 de abril Editorial Casatomada presentará en la ciudad de Bogotá la edición peruana del libro de cuentos "Desasosiegos menores" (Casatomada 2011), del escritor colombiano Andrés Mauricio Muñoz. La ceremonia se llevará a cabo en la Biblioteca "Los Fundadores del Gimnasio Moderno" a las 7 PM. (Carrera 9 No 74-99, Bogotá).
Los comentarios estarán a cargo de Carlos Castillo, escritor, poeta y director del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá.
A los amigos colombianos los esperamos para celebrar esta nueva entrega y brindar por las letras y esta nueva entrega de Andrés Mauricio, premiada como la mejor edición publicada en 2011, y cuyo autor está seleccionado entre los mejores escritores de su generación.



Mayor info sobre el libro y el autor + un fragmento de uno de sus cuentos en este enlace CLICK.