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22 febrero 2011

CONGRESO DE LITERATURA FANTÁSTICA Y CIENCIA FICCIÓN

Durante tres días, 24, 25 y 26 de febrero, en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana se desarrollará el Congreso Nacional de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción. Esta actividad es coorganizada por la CASLIT y el Lic. Elton Honores, responsable de la convocatoria y organización de las mesas de este evento.
No es la primera vez que la Casa de la Literatura Peruana acoge este tema, ya desde el año pasado se han venido organizado coloquios y conversatorios sobre la literatura fantástica y la ciencia ficción, por este motivo la CASLIT se ha convertido en un escenario donde se ha permitido el diálogo, el debate y el aporte de nuevos estudios sobre esta temáticas poco investigada.
El mencionado Congreso contará con tres modalidades: la presentación de ponencias; la participación de escritores peruanos que cultivan el género fantástico y la ciencia ficción; y la presentación de libros de esta temática. Además habrá una exposición y venta de libros y revistas para el público.
La presentación de ponencias tiene un carácter internacional porque se revisará la temática de lo irreal en las letras mexicanas o argentinas. También se hablará sobre la obra de clásicos de este género en la literatura peruana como Clemente Palma, Abraham Valdelomar y más recientemente José B. Adolph, quien es considerado uno de los mejores cultivadores del cuento y la novela fantástica y de ciencia ficción. Asimismo se explorará esta veta literaria en autores tan disimiles como Manuel González Prada y Mario Bellatín.
Otro de los puntos interesantes de las disertaciones es que se examinará el género dramático de Juan Rivera Saavedra y la novela gráfica en Latinoamérica, como es el caso de El Eternauta. Por otro lado, habrá una mesa dedicada a la minificción en la Generación del 50, que aborda la temática fantástica. Finalmente en las mesas se presentarán temas de autores extranjeros que forman el canon de este tipo de literatura como H.P. Lovecraft o Stephen King.
Entre los ponentes tenemos a jóvenes investigadores como Judith Paredes, Juan Cuya, Jhonny Pacheco, Javier Suárez o Eduardo Lino , quienes provienen de instituciones como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Pontificia Universidad Católica, la Universidad Nacional Federico Villarreal y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. También participarán ponentes peruanos especialistas en el tema como Elton Honores, Daniel Salvo, Alexis Iparraguirre (también narrador), Raschid Rabí (filósofo, especialista en ciencia ficción y cómics) y el español David Roas (de quien se leerá un texto), todos ellos se han encargado de divulgar e investigar esta línea literaria de las letras peruanas y extranjeras.
Las mesas de escritores estarán conformadas por reconocidos representantes de esta temática como: Carlos Calderón Fajardo, José Güich, Enrique Prochazka, José Donayre, César Silva Santisteban y César Herrera. A ellos se suma la participación de jóvenes escritores como: Jeremy Torres, Yeniva Fernández, Augusto Murillo de los Ríos, Carlos E. Freyre y Julio Meza Díaz, quienes disertarán sobre su relación con el género fantástico.
Se presentará el libro Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana de Elton Honores, uno de los grandes aportes a la investigación literaria, pues aunque se centra en la narrativa de la Generación del 50, se rescata autores, se desarrollan postulados teóricos, presenta una amplia bibliografía y se plantea un canon literario de la literatura fantástica peruana que iniciaría su cultivo en el siglo XIX. Esta publicación es hasta el momento el mayor panorama de la literatura fantástica en nuestras letras. Los presentadores serán los críticos Santiago López Maguiña, Marcel Velázquez y el escritor César Silva Santisteban.
El otro libro a presentarse es único en su temática. Los que moran en las sombras. Asedios al vampiro en la narrativa peruana, es un texto elaborado por Elton Honores y Gonzalo Portals. Con la edición de este texto se empieza a llenar uno de los vacíos en los estudios literarios peruanos como es el tema del vampirismo.
El último día del congreso, 26 de febrero, habrá una exhibición y venta de libros y revistas de literatura peruana: Cuerpo de la Metáfora Editores, Tinta Expresa, Ínsula Barataria, Ajos & Zafiros, Argonautas, Ediciones SM, Estruendomudo, Editorial Casatomada, TXT Revista de creación, El Horla Fanzine, entre otros.

El ingreso a todas las actividades es libre.

01 septiembre 2010

Los salvadores de Quispichix / La novela fantástica en el Perú

Entre los géneros literarios más fascinantes surgidos en nuestra historia universal tenemos a la ciencia ficción. Corriente, no solo literaria, sino también artística que ha sido explotada arduamente por los narradores, poetas, pintores, dramaturgos, autores de cómics, directores de cine, etc. Sin embargo, a pesar de su inmensa popularidad (acompañada muchas veces de una escasa calidad), la ciencia ficción es un género que aún no goza de estatutos que la definan como tal, lo cual provoca que haya muchos textos que no puedan encajar en dicha taxonomía. A lo que me refiero con dicha aseveración es que los límites de la ficción científica aún son nebulosos e indefinibles y dudo mucho que, en los próximos años, algún estudioso sesudo pueda decirnos porque una novela es o no del género que nos ocupa. John W. Campbell, prestigioso director de la mítica revista Astounding, decía que ciencia ficción es todo aquello que se publica en las revistas de ciencia ficción, comentario que nos remite a lo siguiente: Hubo y hay libertad entre los editores, lectores y los propios autores para incluir un texto dentro de dicha corriente. He analizado muchos casos dentro de mi país y en el extranjero, y he comprobado que, generalmente, cuando una obra es catalogada como ciencia ficción por uno de estos tres bastiones (editor, lector o autor) resulta siendo de tal género. Esto a modo de anécdota. Abundan más los casos en los que a las obras de ficción científica no se les reconoce como tales y se les brinda otros rótulos, mayormente inventados, mal manejados o torpes. Esto es muy penoso. Porque estoy seguro que la gente que habla mal de dicho género, nunca lo ha leído o no lo ha absorbido como debe ser, es decir, consumiendo buena ciencia ficción literaria. Hay quien dijo que La carretera de Cormac MacCarthy no es ciencia ficción porque el tema no es la ficción científica, sino la relación entre un padre y su hijo. Bueno, el tema puede ser cualquiera. La amistad entre un hombre y una bestia, por ejemplo. Pero si la ambientación corresponde a la ciencia ficción, entonces estamos ante una ficción científica. Y si el autor de dicha obra dice que no es así, no le creamos. El escritor es el menos indicado para juzgar una obra suya, ya lo dijo el maestro Stephen King. Tengo la impresión de que la ciencia ficción es uno de los géneros que más se consume y, al mismo tiempo, resulta ser el menos conocido por el ciudadano de a pie. Esto resulta curioso porque ésta podría ser una de las vertientes de la literatura más rica en subgéneros que existe. Tenemos las utopías, las distopías, las ucronías, la space ópera, los mundos paralelos, alternativos, apocalípticos, post-apocalípticos, etc. Demos un pequeño vistazo a la ucronía, esta vertiente puede, incluso, contener a dos subgéneros muy trascendentales: El steampunk y el cyberpunk. Subgéneros dentro de otros subgéneros. No olvidemos además las combinaciones de géneros: La ciencia ficción de terror (It de Stephen King, Watchers de Dean R. Koontz), la ciencia ficción policial (Las bóvedas de acero y El sol desnudo de Isaac Asimov). La ciencia ficción política, sociológica, antropológica, teológica, etc. Esta pequeña introducción nada más pretende convencerlos de las múltiples posibilidades de la ciencia ficción como género literario, como arte y como medio de expresión. Ahora me gustaría hablar de una cosa muy interesante de la cual, ustedes, amables oyentes, quizá no estén enterados. La relación entre ficción científica e imaginación.
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14 diciembre 2009

Un cuento de navidad - Ray Bradbury

El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando éstos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos?
-Nada, ¿qué podemos hacer?
-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.
-¿Qué...? -preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.
-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.
-Espera un poco -dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.
La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.
-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.
-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.
-Pero... -empezó a decir la madre.
-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.
Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Puedo tener un reloj? -preguntó el niño.
Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.
Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo.
-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
-Entra, hijo.
-Está oscuro.
-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.